La historia trata sobre una directora de cine que presenta a un productor de Madrid la obra Ocho apellidos madrileños, aprovechando el éxito de las otras homólogas. El productor le pide que presente una escena. Intenta rodar una escena, pero se va a encontrar, ante su desesperación, con un montón de situaciones disparatadas y cómicas con los personajes de la película.