“En Cristo está la ternura del pastor, el afecto del padre y la incomparable gracia del Salvador compasivo. Él presenta sus bendiciones en los términos más seductores. No se conforma meramente con anunciar esas bendiciones; las ofrece de la manera más atrayente para excitar el deseo de poseerlas. Así han de presentar sus siervos las riquezas de la gloria del Don inefable. El maravilloso amor de Cristo enternecerá y subyugará los corazones cuando la simple exposición de las doctrinas no lograría nada. ‘Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios’. ‘Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: ¡Veis aquí el Dios vuestro! [...] Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará’ ” (DTG 766, 767).