Es cierto que Jerusalén fue sitiada, pero la Biblia registra que el asedio duró solo un día, ya que el Ángel del Señor liberó a Jerusalén. Como Isaías había predicho: “Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí mismo, y por amor de David mi siervo” (Isa. 37:33-35).