El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo en el proceso redentor. En todas nuestras actividades de testificación, nos unimos a él en su obra de salvar a las personas. Él convence los corazones; abre puertas de oportunidad. A través de su Palabra, ilumina las mentes y revela la verdad. Rompe los lazos de prejuicio que nos esclavizan, triunfa sobre los prejuicios culturales que oscurecen nuestra visión de la verdad y nos libera de las cadenas de los malos hábitos que nos esclavizan. Cuando damos testimonio de Jesús, es crucial recordar que estamos cooperando con el Espíritu Santo. Él está allí antes que nosotros, preparando los corazones para recibir el mensaje del evangelio. Él está allí con nosotros, moviéndose sobre las mentes mientras realizamos un acto de bondad, compartimos nuestro testimonio, damos un estudio bíblico, regalamos una publicación llena de verdad o participamos en una campaña de evangelismo. Él continuará trabajando en el corazón del individuo mucho después de que nos vayamos, haciendo lo que sea necesario para llevar a esa persona al conocimiento de la salvación.