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Lc 11,14-23.
Hoy Jesús espera que nos declaremos por Él, para que las obras del diablo no tengan fuerza en nuestras vidas, para que Satanás no tenga autoridad sobre nosotros.
Debemos creer plenamente que Cristo ha venido a deshacer las obras del diablo. Él tiene autoridad sobre Satanás porque es Dios.
Hoy meditaremos en el Evangelio según san Mateo 5,17-19.
Aquí Jesús nos invita a penetrar cada vez más en la Palabra de Dios para poder ir comprendiendo todos los misterios de la Revelación de Dios a los hombres.
Es necesario que vayamos descubriendo la Escritura, que vayamos profundizando en ella cada vez más. Por eso debemos leerla, escudriñarla, abrir nuestro corazón y pedirle al Espíritu Santo que nos la revele. ¡Porque conocer la Escritura es conocer a Jesucristo!
El evangelio que meditaremos este día es Mt 18,21-35.
Jesús hoy nos invita a perdonar SIEMPRE y TODO. Y también nos invita a preguntarnos: ¿Por qué, si Dios nos perdona todo, nosotros no podemos perdonar a nuestros semejantes?
Debemos compadecernos de nuestros hermanos que nos han ofendido, tener compasión con ellos así como Dios la tiene con nosotros.
Pidámosle al Señor un corazón misericordioso como el suyo, capaz de perdonar siempre y todo.
El Evangelio que meditaremos hoy es Lc 4,24-30.
Jesús nos invita a pensar cómo estamos actuando: ¿Con fe o con incredulidad? ¿Estamos realmente confiando en Jesús? ¿De verdad creemos en Él? ¿Confiamos en Él? ¿Esperamos en Él? ¿O dudamos, y queremos por nuestra cuenta solucionar nuestros problemas?
Recordemos siempre que la fe nos abre a la bendición de Dios, y pidámosle la sencillez de corazón y la docilidad que necesitamos para crecer en la fe.
Texto de hoy: Jn 2,13-25: La purificación del Templo.
Jesús viene a purificar el Templo de Jerusalén, el templo material, pero también viene a purificar nuestro propio templo, nuestra vida, nuestro corazón.
Él nos enseña que Él mismo es es verdadero Templo, y que después de su muerte y resurrección ya no va a ser necesario el templo material. Él es Dios, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, y nosotros, como cristianos, debemos profesar su divinidad.
¡Porque Jesús resucitó! Él no se quedó en el sepulcro, y toda la doctrina de la Iglesia está resumida ahí: ¡Jesús resucitó y está vivo!
Evangelio de hoy: Lc 15,1-3.11-32 (La parábola del hijo pródigo).
La Cuaresma puede ser definida como «el regreso a la Casa del Padre». Esta parábola es una invitación de Dios, y debe motivarnos a convertirnos.
Conozcamos hoy el Corazón misericordioso del Padre, que no guarda rencor, que no guarda memoria de nuestros pecados, que no quiere castigarnos... ¡Ese es el Corazón de nuestro Padre del Cielo! Lleno de misericordia, lleno de perdón, lleno de amor...
Reflexionamos hoy en el Evangelio según san Mateo 21,33-43.45-46.
Dios tiene un plan perfecto de amor para todos los pueblos, un plan de Salvación y de plenitud. También para el pueblo judío, que no reconoció a Jesús.
Descubramos la inigualable gracia que estamos viviendo: hemos sido llamados por Dios, nacimos en un pueblo católico, hemos recibido la Revelación completa. Y nada hemos hecho para recibir semejante regalo.
¡Todo es gracia! Estemos muy agradecidos con Dios. Estos son los misterios insondables de su amor.
Evangelio de hoy: Lc 16,19-31.
Jesús hoy nos enseña que no debemos tener al dinero y los bienes materiales como nuestro dios; no vivamos para ganar dinero, para obtener más bienes.
Aprendamos a usar lo que tenemos para compartirlo con los demás. Que nuestra prioridad no esté en la adquisición de las cosas materiales, sino en la búsqueda del Reino y sus valores.
Hoy meditaremos en el Evangelio según san Mateo 20, 17-28.
Jesús nos seguirá instruyendo en la importancia del servicio, enseñándonos que debemos preocuparnos siempre por ser los primeros en servir. Él viene a establecer una nueva forma de vivir; viene a enseñarnos cómo se vive en el Reino.
Por eso nos hablará hoy de la misión que vino a realizar, del incomparable servicio que vino a prestarnos: SALVARNOS. Él cargó con nuestros pecados, con nuestras enfermedades y miserias, y pagó la deuda que teníamos con Dios. Todo esto lo realizará a través de su pasión, muerte y resurrección.
También nos enseñará que, siguiendo su ejemplo, no debemos buscar el poder, el ser dominadores, sino más bien, convertirnos en servidores de los demás. Y así como Jesús tomó su cruz y nos rescató muriendo en ella, al aprender a ser siervos de los demás nosotros vamos a ganar también la salvación de muchos.
Hoy meditamos en Mt 23,1-12.
Jesús quiere enseñarnos que todos somos hermanos, y que por eso no debemos buscar títulos ni reconocimientos. Tenemos que aprender a ser servidores de los demás. Y ese será nuestro premio, nuestro mejor nombramiento, nuestro mejor título: SERVIDOR DE LOS DEMÁS.
Aprendamos a humillarnos para servir a los demás. Esa es condición indispensable para ser para ser discípulo de Jesús.
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