Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación

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Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación episodes

  • Reflexión del Sábado 4 de Abril.

    Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13


    Dijo el profeta Jeremías: Oía los rumores de la gente: “¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!” Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: “Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza”.


    Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable. Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa. ¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque Él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!

    6 min
  • Evangelio del Viernes 3 de Abril. Viernes Santo. Juan 18,1-40.19,1-42.

    Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo,

    se dijeron entre sí: "No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca". Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados.

    Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.

    Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".

    Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

    Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed.

    Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.

    Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

    6 min
  • Evangelio del Jueves 2 de Abril. Jueves Santo. Juan 13,1-15.

    Jn 13,1-15.


    Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.

    Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,

    sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,

    se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.

    Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

    Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".

    Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".

    "No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".

    "Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".

    Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".

    El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".

    Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?

    Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.

    Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.

    Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."

    6 min
  • Evangelio del Miércoles 1 de Abril. Mateo 26,14-25

    Mt 26,14-25.


    Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes

    y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.

    Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

    El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".

    El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".

    Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

    Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce

    y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".

    Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".

    El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.

    El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".

    Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.

    6 min
  • Evangelio del Martes 31 de Marzo. Juan 13,21-33.36-38

    Jn 13,21-33.36-38.


    Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".

    Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.

    Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.

    Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere".

    El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?".

    Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.

    En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer".

    Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.

    Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres.

    Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

    Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.

    Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

    Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.

    Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás".

    Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti".

    Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".

    6 min
  • Evangelio del Lunes 30 de Marzo. Juan 12,1-11

    Jn 12,1-11.


    Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado.

    Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.

    María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.

    Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:

    "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?".

    Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.

    Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura.

    A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre".

    Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.

    Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro,

    porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

    6 min
  • Evangelio del Domingo 29 de Marzo. Domingo de Ramos. Mateo 21, 1-11

    Mt 26,14-75.27,1-66.


    Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes

    y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.

    Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

    El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".

    El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".

    Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

    Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce

    y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".

    Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".

    El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.

    El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".

    Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.

    Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen y coman, esto es mi Cuerpo".

    6 min
  • Evangelio del Sábado 28 de Marzo. Juan 11,45-56.

    Jn 11,45-56.


    Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

    Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.

    Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: "¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos.

    Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación".

    Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: "Ustedes no comprenden nada.

    ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?".

    No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación,

    y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.

    A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús.

    Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.

    Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse.

    Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: "¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?".

    6 min
  • Evangelio del Viernes 27 de Marzo. Juan 10,31-42

    Jn 10,31-42.


    Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

    Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?".

    Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios".

    Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses?

    Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada-

    ¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?

    Si no hago las obras de mi Padre, no me crean;

    pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre".

    Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos.

    Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.

    Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad".

    Y en ese lugar muchos creyeron en él.

    6 min
  • Evangelio del Jueves 26 de Marzo. Juan 8,51-59.

    Jn 8,51-59.


    Jesús dijo a los judíos:

    "Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".

    Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'.

    ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?".

    Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios',

    y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.

    Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría".

    Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?".

    Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy".

    Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

    6 min

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