Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación

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Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación episodes

  • Evangelio del Domingo 15 de Marzo. Juan 9,1-41.

    Jn 9,1-41.


    Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento.

    Sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?".

    "Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios.

    Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.

    Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".

    Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego,

    diciéndole: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé", que significa "Enviado". El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía.

    Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: "¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?".

    Unos opinaban: "Es el mismo". "No, respondían otros, es uno que se le parece". El decía: "Soy realmente yo".

    Ellos le dijeron: "¿Cómo se te han abierto los ojos?".

    El respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: 'Ve a lavarte a Siloé'. Yo fui, me lavé y vi".

    Ellos le preguntaron: "¿Dónde está?". El respondió: "No lo sé".

    El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos.

    Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos.

    Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió: "Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo".

    Algunos fariseos decían: "Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado". Otros replicaban: "¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?". Y se produjo una división entre ellos.

    Entonces dijeron nuevamente al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?". El hombre respondió: "Es un profeta".

    Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres

    y les preguntaron: "¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?".

    Sus padres respondieron: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego,

    pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta".

    Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías.

    Por esta razón dijeron: "Tiene bastante edad, pregúntenle a él".

    Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: "Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador".

    "Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo".

    Ellos le preguntaron: "¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?".

    El les respondió: "Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?".

    Ellos lo injuriaron y le dijeron: "¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés!

    Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este".

    El hombre les respondió: "Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos.

    Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad.

    Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.

    Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada".

    Ellos le respondieron: "Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?". Y lo echaron.

    6 min
  • Evangelio del Sábado 14 de Marzo. Lucas 18,9-14

    Lc 18,9-14.


    Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:

    "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.

    El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.

    Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'.

    En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'.

    Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".

    6 min
  • Evangelio del Viernes 13 de Marzo. Marcos 12,28b-34.

    Mc 12,28b-34.


    Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?».

    Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor;

    y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.

    El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos".

    El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él,

    y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios".

    Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

    5 min
  • Evangelio del Jueves 12 de Marzo. Lucas 11,14-23.

    Lc 11,14-23.


    Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,

    pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".

    Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.

    Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.

    Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.

    Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.

    Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

    Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,

    pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.

    El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

    6 min
  • Evangelio del Miércoles 11 de Marzo. Mateo 5,17-19

    Mt 5,17-19.


    Jesús dijo a sus discípulos:

    «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

    Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

    El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

    5 min
  • Evangelio del Martes 10 de Marzo. Mateo 18,21-35.

    Mt 18,21-35.


    Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".

    Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

    Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.

    Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.

    Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

    El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".

    El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

    Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.

    El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

    Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

    Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.

    Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

    ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.

    E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

    Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

    6 min
  • Evangelio del Lunes 9 de Marzo. Lucas 4,24-30

    Lc 4,24-30.


    Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.

    Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.

    Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.

    También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio".

    Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron

    y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.

    Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

    6 min
  • Evangelio del Domingo 8 de Marzo. Juan 4,5-42.

    Jn 4,5-42.


    Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.

    Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

    Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".

    Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

    La samaritana le respondió: "¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

    Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: 'Dame de beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva".

    "Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?

    ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?".

    Jesús le respondió: "El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed,

    pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".

    "Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla".

    Jesús le respondió: "Ve, llama a tu marido y vuelve aquí".

    La mujer respondió: "No tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón al decir que no tienes marido,

    porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".

    La mujer le dijo: "Señor, veo que eres un profeta.

    Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".

    Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre.

    Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

    Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.

    Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".

    La mujer le dijo: "Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo".

    Jesús le respondió: "Soy yo, el que habla contigo".

    En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: "¿Qué quieres de ella?" o "¿Por qué hablas con ella?".

    La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:

    "Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?".

    Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

    Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: "Come, Maestro".

    Pero él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen".

    Los discípulos se preguntaban entre sí: "¿Alguien le habrá traído de comer?".

    Jesús les respondió: "Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.

    Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega.

    Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría.

    Porque en esto se cumple el proverbio: 'Uno siembra y otro cosecha'

    Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos".

    Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: "Me ha dicho todo lo que hice".

    Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días.

    Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.

    Y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".

    7 min
  • Evangelio del Sábado 7 de Marzo. Lucas 15,1-3.11b-32

    Lc 15,1-3.11b-32.


    Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.

    Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".

    Jesús les dijo entonces esta parábola:

    "Un hombre tenía dos hijos.

    El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.

    Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.

    Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.

    Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos.

    El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

    Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!

    Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti;

    ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.

    Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.

    El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.

    Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies.

    Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,

    porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.

    El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza.

    Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.

    El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'.

    El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara,

    pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.

    ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'.

    Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo.

    Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

    7 min
  • Evangelio del Viernes 6 de Marzo. Mateo 21,33-43.45-46.

    Mt 21,33-43.45-46.


    Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

    «Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

    Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.

    Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon.

    El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

    Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo".

    Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia".

    Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

    Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?».

    Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»

    Jesús agregó: «¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?

    Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

    Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos.

    Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

    6 min

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