Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación

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Lectura Diaria del Santo Evangelio y su Meditación episodes

  • Evangelio del Domingo 20 de Abril. Pascua de Resurrección. Juan 20,1-9.

    Jn 20,1-9.


    El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.

    Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".

    Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.

    Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.

    Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.

    Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo,

    y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.

    Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.

    Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

    6 min
  • Evangelio del Viernes 18 de Abril. Viernes Santo. Juan 18,1-40.19,1-42

    Jn 18,1-40.19,1-42.


    Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos.

    Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia.

    Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas.

    Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: "¿A quién buscan?".

    Le respondieron: "A Jesús, el Nazareno". El les dijo: "Soy yo". Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos.

    Cuando Jesús les dijo: "Soy yo", ellos retrocedieron y cayeron en tierra.

    Les preguntó nuevamente: "¿A quién buscan?". Le dijeron: "A Jesús, el Nazareno".

    Jesús repitió: "Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan".

    Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me confiaste".

    Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco.

    Jesús dijo a Simón Pedro: "Envaina tu espada. ¿ Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?".

    El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron.

    Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año.

    Caifás era el que había aconsejado a los judíos: "Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo".

    Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice,

    mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.

    La portera dijo entonces a Pedro: "¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?". El le respondió: "No lo soy".

    6 min
  • Evangelio del Miércoles 16 de Abril. Mateo 26,14-25.

    Mt 26,14-25.


    Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes

    y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.

    Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

    El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".

    El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".

    Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

    Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce

    y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".

    Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".

    El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.

    El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".

    Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.

    6 min
  • Evangelio del Jueves 17 de Abril. Juan 13,1-15

    Jn 13,1-15.


    Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.

    Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,

    sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,

    se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.

    Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

    Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?".

    Jesús le respondió: "No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás".

    "No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".

    "Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!".

    Jesús le dijo: "El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos".

    El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están limpios".

    Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?

    Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.

    Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.

    Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes."

    7 min
  • Evangelio del Martes 15 de Abril. Juan 13,21-33.36-38.

    Jn 13,21-33.36-38.


    Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".

    Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.

    Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.

    Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere".

    El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?".

    Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.

    En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer".

    Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.

    Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres.

    Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

    Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.

    Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

    Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.

    Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás".

    Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti".

    Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".

    6 min
  • Evangelio del Lunes 14 de Abril. Juan 12,1-11.

    Jn 12,1-11.


    Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado.

    Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.

    María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.

    Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:

    "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?".

    Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.

    Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura.

    A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre".

    Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.

    Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro,

    porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

    6 min
  • Evangelio del Domingo 13 de Abril. Lucas 19, 28-40

    Lc 22,14-71.23,1-56.


    Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo:

    "He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión,

    porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios".

    Y tomando una copa, dio gracias y dijo: "Tomen y compártanla entre ustedes.

    Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios".

    Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".

    Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes.

    La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí.

    Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!".

    Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso.

    Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande.

    Jesús les dijo: "Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores.

    Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor.

    Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve.

    Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas.

    Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí.

    Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

    Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo,

    pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos".

    "Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte".

    Pero Jesús replicó: "Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces".

    Después les dijo: "Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?".

    "Nada", respondieron. El agregó: "Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una.

    Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí".

    "Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas". El les respondió: "Basta".

    En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.

    Cuando llegaron, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación".

    Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:

    "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".

    Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.

    En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

    Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.

    Jesús les dijo: "¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación".

    Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo.


    .


    6 min
  • Evangelio del Sábado 12 de Abril. Juan 11,45-56

    Jn 11,45-56.


    Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

    Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.

    Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: "¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos.

    Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación".

    Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: "Ustedes no comprenden nada.

    ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?".

    No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación,

    y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.

    A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús.

    Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.

    Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse.

    Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: "¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?".

    6 min
  • Evangelio del Viernes 11 de Abril. Juan 10,31-42

    Jn 10,31-42.


    Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

    Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?".

    Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios".

    Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses?

    Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada-

    ¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?

    Si no hago las obras de mi Padre, no me crean;

    pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre".

    Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos.

    Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.

    Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad".

    Y en ese lugar muchos creyeron en él.

    6 min
  • Evangelio del Jueves 10 de Abril. Juan 8,51-59.

    Jn 8,51-59.


    Jesús dijo a los judíos:

    "Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".

    Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'.

    ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?".

    Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios',

    y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.

    Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría".

    Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?".

    Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy".

    Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

    6 min

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