¿Es posible, no estoy seguro, amar a alguien si lo primero que nos interesa es el provecho que podemos sacar de esa persona? ¿Acaso no paralizan el afán de lucro, y la culpabilidad que de éste resulta, el desarrollo de otras emociones? Se podría argumentar que incluso las personas más decentemente emparejadas se vieron atraídas inicialmente por el principio de la mutua explotación: sexo, protección, apaciguamiento narcisista; sin embargo, todo eso es trivial, humano: la diferencia entre esto último y la verdadera utilización de otra persona es la misma que hay entre las setas comestibles y las que matan: Monstruos Perfectos.