Lecturas y Meditaciones

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Lecturas y Meditaciones episodes

  • Mateo 11


    Capítulo 11


    Jesús y Juan el Bautista


    1 Cuando Jesús terminó de darles esas instrucciones a los doce discípulos, salió a enseñar y a predicar en las ciudades de toda la región.

    2 Juan el Bautista, quien estaba en prisión, oyó acerca de todas las cosas que hacía el Mesías. Entonces envió a sus discípulos para que le preguntaran a Jesús:

    3 —¿Eres tú el Mesías a quien hemos esperado o debemos seguir buscando a otro?

    4 Jesús les dijo:

    —Regresen a Juan y cuéntenle lo que han oído y visto: 5 los ciegos ven, los cojos caminan bien, los leprosos son curados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les predica la Buena Noticia. 6 Y díganle: “Dios bendice a los que no se apartan por causa de mí”.

    7 Mientras los discípulos de Juan se iban, Jesús comenzó a hablar acerca de él a las multitudes: «¿A qué clase de hombre fueron a ver al desierto? ¿Acaso era una caña débil sacudida con la más leve brisa? 8 ¿O esperaban ver a un hombre vestido con ropa costosa? No, la gente que usa ropa costosa vive en los palacios. 9 ¿Buscaban a un profeta? Así es, y él es más que un profeta. 10 Juan es el hombre al que se refieren las Escrituras cuando dicen:


    “Mira, envío a mi mensajero por anticipado,

    y él preparará el camino delante de ti”.


    11 »Les digo la verdad, de todos los que han vivido, nadie es superior a Juan el Bautista. Sin embargo, hasta la persona más insignificante en el reino del cielo es superior a él. 12 Desde los días en que Juan el Bautista comenzó a predicar hasta ahora, el reino del cielo ha venido avanzando con fuerza, y gente violenta lo está atacando. 13 Pues, antes de que viniera Juan, todos los profetas y la ley de Moisés anunciaban este tiempo; 14 y si ustedes están dispuestos a aceptar lo que les digo, él es Elías, aquel que los profetas dijeron que vendría. 15 ¡Todo el que tenga oídos para oír, que escuche y entienda!

    16 »¿Con qué puedo comparar a esta generación? Se parece a los niños que juegan en la plaza. Se quejan ante sus amigos:


    17 “Tocamos canciones de bodas,

    y no bailaron;

    entonces tocamos canciones fúnebres,

    y no se lamentaron”.


    18 »Pues Juan no dedicaba el tiempo a comer y beber, y ustedes dicen: “Está poseído por un demonio”. 19 El Hijo del Hombre, por su parte, festeja y bebe, y ustedes dicen: “¡Es un glotón y un borracho y es amigo de cobradores de impuestos y de otros pecadores!”. Pero la sabiduría demuestra estar en lo cierto por medio de sus resultados».


    Juicio para los incrédulos


    20 Luego Jesús comenzó a denunciar a las ciudades en las que había hecho tantos milagros, porque no se habían arrepentido de sus pecados ni se habían vuelto a Dios. 21 «¡Qué aflicción les espera, Corazín y Betsaida! Pues, si en las perversas ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran hecho los milagros que hice entre ustedes, hace tiempo sus habitantes se habrían arrepentido de sus pecados vistiéndose con ropa de tela áspera y echándose ceniza sobre la cabeza en señal de remordimiento. 22 Les digo que el día del juicio, a Tiro y a Sidón les irá mejor que a ustedes.

    23 »Y ustedes, los de Capernaúm, ¿serán honrados en el cielo? No, descenderán al lugar de los muertos. Pues, si hubiera hecho en la perversa ciudad de Sodoma los milagros que hice entre ustedes, la ciudad estaría aquí hasta el día de hoy. 24 Les digo que, el día del juicio, aun a Sodoma le irá mejor que a ustedes».


    Jesús da gracias al Padre


    25 En esa ocasión, Jesús hizo la siguiente oración: «Oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, gracias por esconder estas cosas de los que se creen sabios e inteligentes, y por revelárselas a los que son como

    7 min
  • "No puedo yo hacer nada por mí mismo.” (Juan 5:30)
    *Meditación**”No puedo yo hacer nada por mí mismo.”* (Juan 5:30) Dos veces en Juan 5 el Señor Jesús dice que no puede hacer nada por Sí mismo. En el versículo 19, afirma: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo...” Y una vez más en el versículo 30, declara: “No puedo yo hacer nada por mí mismo...” Nos sentimos decepcionados cuando leemos por primera vez estos versículos. Parecen decir que Jesús estaba limitado en Su poder, igual que nosotros. Pero si Él es Dios, como Él decía ser, debe ser Omnipotente. ¿Cómo entonces decía que no podía hacer nada por Sí mismo? Ciertamente, los enemigos del Evangelio han empleado estos versículos para mostrar que Jesús era solamente un hombre con todas las limitaciones de la humanidad. ¡Pero veámoslo más de cerca! Nuestro Señor no hablaba de Su poder físico. Insistía que estaba tan dedicado a la voluntad de Su Padre que no podía hacer nada por Su propia iniciativa. Era tan moralmente perfecto que no podía actuar por Su cuenta. No deseaba nada aparte de la voluntad de Dios. Tú y yo no debemos decir que no podemos hacer nada por nosotros mismos. Con mucha frecuencia actuamos independientemente del Señor y tomamos decisiones sin consultarle. Cedemos a la tentación sabiendo que estamos pecando. Escogemos nuestra propia voluntad por encima de la Suya. El Señor Jesús no podía hacer ninguna de estas cosas. Por lo tanto, en vez de sugerir que Jesucristo era débil y finito, estos versículos demuestran exactamente lo contrario, que era divinamente perfecto. Esto queda claro leyendo los versículos enteros en lugar de detenernos a la mitad. Lo que Jesús dijo en el versículo 19 era que: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente”. Es decir: el Hijo no podía actuar independientemente del Padre, pero puede hacer todo lo que el Padre hace. Ésta es una afirmación de igualdad con Dios. Una vez más en el versículo 30, el Señor Jesús dice: “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”. Esto significa que Él tomó decisiones sola mente sobre la base de las instrucciones que había recibido de Su Padre, y que Su sumisión completa a la voluntad de Dios aseguraba que estas decisiones eran correctas. J. S. Baxter señala que en este pasaje Cristo afirma siete veces Su igualdad con Dios. Igual en trabajo (v. 19); igual en conocimiento (v. 20); igual en poder para resucitar (vv. 21, 28,-29); igual en juicio (vv. 22, 27); igual en honra (v. 23); igual en capacidad para regenerar (vv. 24-25); igual en autosuficiencia (v. 26). *Nuestro Salvador no es una criatura frágil y débil con poder limitado sino el Dios Omnipotente manifestado en carne.*
    5 min
  • Mateo 10


    Capítulo 10


    Jesús envía a los doce apóstoles


    1 Jesús reunió a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus malignos y para sanar toda clase de enfermedades y dolencias. 2 Los nombres de los doce apóstoles son los siguientes:


    Primero, Simón (también llamado Pedro),

    luego Andrés (el hermano de Pedro),

    Santiago (hijo de Zebedeo),

    Juan (el hermano de Santiago),

    3 Felipe,

    Bartolomé,

    Tomás,

    Mateo (el cobrador de impuestos),

    Santiago (hijo de Alfeo),

    Tadeo,

    4 Simón (el zelote),

    Judas Iscariote (quien después lo traicionó).


    5 Jesús envió a los doce apóstoles con las siguientes instrucciones: «No vayan a los gentiles ni a los samaritanos, 6 sino sólo al pueblo de Israel, las ovejas perdidas de Dios. 7 Vayan y anúncienles que el reino del cielo está cerca. 8 Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, curen a los leprosos y expulsen a los demonios. ¡Den tan gratuitamente como han recibido!

    9 »No lleven nada de dinero en el cinturón, ni monedas de oro, ni de plata, ni siquiera de cobre. 10 No lleven bolso de viaje con una muda de ropa ni con sandalias, ni siquiera lleven un bastón. No duden en aceptar la hospitalidad, porque los que trabajan merecen que se les dé alimento.

    11 »Cada vez que entren en una ciudad o una aldea, busquen a una persona digna y quédense en su casa hasta que salgan de ese lugar. 12 Cuando entren en el hogar, bendíganlo. 13 Si resulta ser un hogar digno, dejen que su bendición siga allí; si no lo es, retiren la bendición. 14 Si cualquier casa o ciudad se niega a darles la bienvenida o a escuchar su mensaje, sacúdanse el polvo de los pies al salir. 15 Les digo la verdad, el día del juicio les irá mejor a las ciudades perversas de Sodoma y Gomorra que a esa ciudad.

    16 »Miren, los envío como ovejas en medio de lobos. Por lo tanto, sean astutos como serpientes e inofensivos como palomas. 17 Tengan cuidado, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán con látigos en las sinagogas. 18 Serán sometidos a juicio delante de gobernantes y reyes por ser mis seguidores; pero esa será una oportunidad para que les hablen a los gobernantes y a otros incrédulos acerca de mí. 19 Cuando los arresten, no se preocupen por cómo responder o qué decir. Dios les dará las palabras apropiadas en el momento preciso. 20 Pues no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por medio de ustedes.

    21 »Un hermano traicionará a muerte a su hermano, un padre traicionará a su propio hijo, los hijos se rebelarán contra sus padres y harán que los maten. 22 Todas las naciones los odiarán a ustedes por ser mis seguidores, pero todo el que se mantenga firme hasta el fin será salvo. 23 Cuando los persigan en una ciudad, huyan a la siguiente. Les digo la verdad, el Hijo del Hombre regresará antes de que hayan llegado a todas las ciudades de Israel.

    24 »Los alumnos no son superiores a su maestro, y los esclavos no son superiores a su amo. 25 Los alumnos deben parecerse a su maestro, y los esclavos deben parecerse a su amo. Si a mí, el amo de la casa, me han llamado príncipe de los demonios, a los miembros de mi casa los llamarán con nombres todavía peores.

    26 »Así que no tengan miedo de aquellos que los amenazan; pues llegará el tiempo en que todo lo que está encubierto será revelado y todo lo secreto se dará a conocer a todos. 27 Lo que ahora les digo en la oscuridad grítenlo por todas partes cuando llegue el amanecer. Lo que les susurro al oído grítenlo desde las azoteas, para que todos lo escuchen.

    28 »No teman a los que quieren matarles el cuerpo; no pueden tocar el alma. Teman sólo a Dios, quien puede...

    8 min
  • Mateo 9


    Capítulo 9


    Jesús sana a un hombre paralítico


    1 Jesús subió a una barca y regresó al otro lado del lago, a su propia ciudad. 2 Unos hombres le llevaron a un paralítico en una camilla. Al ver la fe de ellos, Jesús le dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo mío! Tus pecados son perdonados».

    3 Entonces algunos de los maestros de la ley religiosa decían en su interior: «¡Es una blasfemia! ¿Acaso se cree que es Dios?».

    4 Jesús sabía lo que ellos estaban pensando, así que les preguntó: «¿Por qué tienen pensamientos tan malvados en el corazón? 5 ¿Qué es más fácil decir: “Tus pecados son perdonados” o “Ponte de pie y camina”? 6 Así que les demostraré que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados». Entonces Jesús miró al paralítico y dijo: «¡Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa!».

    7 ¡El hombre se levantó de un salto y se fue a su casa! 8 Al ver esto, el temor se apoderó de la multitud; y alababan a Dios por enviar a un hombre con tanta autoridad.


    Jesús llama a Mateo


    9 Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre llamado Mateo sentado en su cabina de cobrador de impuestos. «Sígueme y sé mi discípulo», le dijo Jesús. Entonces Mateo se levantó y lo siguió.

    10 Más tarde, Mateo invitó a Jesús y a sus discípulos a una cena en su casa, junto con muchos cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama. 11 Cuando los fariseos vieron esto, preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su maestro come con semejante escoria?».

    12 Cuando Jesús los oyó, les dijo: «La gente sana no necesita médico, los enfermos sí». 13 Luego añadió: «Ahora vayan y aprendan el significado de la siguiente Escritura: “Quiero que tengan compasión, no que ofrezcan sacrificios”. Pues no he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores».


    Discusión acerca del ayuno


    14 Un día los discípulos de Juan el Bautista se acercaron a Jesús y le preguntaron:

    —¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?

    15 Jesús respondió:

    —¿Acaso los invitados de una boda están de luto mientras festejan con el novio? Por supuesto que no, pero un día el novio será llevado, y entonces sí ayunarán.

    16 »Además, ¿a quién se le ocurriría remendar una prenda vieja con tela nueva? Pues el remiendo nuevo encogería y se desprendería de la tela vieja, lo cual dejaría una rotura aún mayor que la anterior.

    17 »Y nadie pone vino nuevo en cueros viejos. Pues los cueros viejos se reventarían por la presión y el vino se derramaría, y los cueros quedarían arruinados. El vino nuevo se guarda en cueros nuevos para preservar a ambos.


    Jesús sana en respuesta a la fe


    18 Mientras Jesús decía esas cosas, el líder de una sinagoga se le acercó y se arrodilló delante de él. «Mi hija acaba de morir —le dijo—, pero tú puedes traerla nuevamente a la vida sólo con venir y poner tu mano sobre ella».

    19 Entonces Jesús y sus discípulos se levantaron y fueron con él. 20 Justo en ese momento, una mujer quien hacía doce años que sufría de una hemorragia continua se le acercó por detrás. Tocó el fleco de la túnica de Jesús 21 porque pensó: «Si tan sólo toco su túnica, quedaré sana».

    22 Jesús se dio vuelta, y cuando la vio le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha sanado». Y la mujer quedó sana en ese instante.

    23 Cuando Jesús llegó a la casa del oficial, vio a una ruidosa multitud y escuchó la música del funeral. 24 «¡Salgan de aquí! —les dijo—. La niña no está muerta; sólo duerme»; pero la gente se rió de él. 25 Sin embargo, una vez que hicieron salir a todos, Jesús entró y tomó la mano de la niña, ¡y ella se puso de pie! 26 La noticia de este milagro corrió por toda la región....

    7 min
  • Mateo 8


    Capítulo 8


    Jesús sana a un leproso


    1 Al bajar Jesús por la ladera del monte, grandes multitudes lo seguían. 2 De repente, un leproso se le acercó y se arrodilló delante de él.

    —Señor —dijo el hombre—, si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio.

    3 Jesús extendió la mano y lo tocó:

    —Sí quiero —dijo—. ¡Queda sano!

    Al instante, la lepra desapareció.

    4 —No se lo cuentes a nadie —le dijo Jesús—. En cambio, preséntate ante el sacerdote y deja que te examine. Lleva contigo la ofrenda que exige la ley de Moisés a los que son sanados de lepra. Esto será un testimonio público de que has quedado limpio.


    La fe de un oficial romano


    5 Cuando Jesús regresó a Capernaúm, un oficial romano se le acercó y le rogó:

    6 —Señor, mi joven siervo está en cama, paralizado y con terribles dolores.

    7 —Iré a sanarlo —dijo Jesús.

    8 —Señor —dijo el oficial—, no soy digno de que entres en mi casa. Tan sólo pronuncia la palabra desde donde estás y mi siervo se sanará. 9 Lo sé porque estoy bajo la autoridad de mis oficiales superiores y tengo autoridad sobre mis soldados. Sólo tengo que decir: “Vayan”, y ellos van o “vengan”, y ellos vienen. Y si les digo a mis esclavos: “Hagan esto”, lo hacen.

    10 Al oírlo, Jesús quedó asombrado. Se dirigió a los que lo seguían y dijo: «Les digo la verdad, ¡no he visto una fe como ésta en todo Israel! 11 Y les digo que muchos gentiles vendrán de todas partes del mundo —del oriente y del occidente— y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en la fiesta del reino del cielo. 12 Pero muchos israelitas —para quienes se preparó el reino— serán arrojados a la oscuridad de afuera, donde habrá llanto y rechinar de dientes».

    13 Entonces Jesús le dijo al oficial romano: «Vuelve a tu casa. Debido a que creíste, ha sucedido». Y el joven siervo quedó sano en esa misma hora.


    Jesús sana a mucha gente


    14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, la suegra de Pedro estaba enferma en cama con mucha fiebre. 15 Jesús le tocó la mano, y la fiebre se fue. Entonces ella se levantó y le preparó una comida.

    16 Aquella noche, le llevaron a Jesús muchos endemoniados. Él expulsó a los espíritus malignos con una simple orden y sanó a todos los enfermos. 17 Así se cumplió la palabra del Señor por medio del profeta Isaías, quien dijo:


    «Se llevó nuestras enfermedades

    y quitó nuestras dolencias».


    Lo que cuesta seguir a Jesús


    18 Cuando Jesús vio a la multitud que lo rodeaba, dio instrucciones a sus discípulos de que cruzaran al otro lado del lago.

    19 Entonces uno de los maestros de la ley religiosa le dijo:

    —Maestro, te seguiré a donde quiera que vayas.

    20 Jesús le respondió:

    —Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza.

    21 Otro de sus discípulos dijo:

    —Señor, deja que primero regrese a casa y entierre a mi padre.

    22 Jesús le dijo:

    —Sígueme ahora. Deja que los muertos espirituales entierren a sus muertos.


    Jesús calma la tormenta


    23 Luego Jesús entró en la barca y comenzó a cruzar el lago con sus discípulos. 24 De repente, se desató sobre el lago una fuerte tormenta, con olas que entraban en el barco; pero Jesús dormía. 25 Los discípulos fueron a despertarlo:


    —Señor, ¡sálvanos! ¡Nos vamos a ahogar! —gritaron.

    26 —¿Por qué tienen miedo? —preguntó Jesús—. ¡Tienen tan poca fe!

    Entonces se levantó y reprendió al viento y a las olas y, de repente, hubo una gran calma.

    27 Los discípulos quedaron asombrados y preguntaron: «¿Quién es este hombre?...

    7 min
  • Mateo 7


    Capítulo 7


    No juzgar a los demás


    1 »No juzguen a los demás, y no serán juzgados. 2 Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes.

    3 »¿Y por qué te preocupas por la astilla en el ojo de tu amigo, cuando tú tienes un tronco en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes pensar en decirle a tu amigo: “Déjame ayudarte a sacar la astilla de tu ojo”, cuando tú no puedes ver más allá del tronco que está en tu propio ojo? 5 ¡Hipócrita! Primero quita el tronco de tu ojo; después verás lo suficientemente bien para ocuparte de la astilla en el ojo de tu amigo.

    6 »No desperdicies lo que es santo en gente que no es santa. ¡No arrojes tus perlas a los cerdos! Pisotearán las perlas y luego se darán vuelta y te atacarán.


    Oración eficaz


    7 »Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. 8 Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.

    9 »Ustedes, los que son padres, si sus hijos les piden un pedazo de pan, ¿acaso les dan una piedra en su lugar? 10 O si les piden un pescado, ¿les dan una serpiente? ¡Claro que no! 11 Así que si ustedes, gente pecadora, saben dar buenos regalos a sus hijos, cuánto más su Padre celestial dará buenos regalos a quienes le pidan.


    La regla de oro


    12 »Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Ésa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas.


    La puerta angosta


    13 »Sólo puedes entrar en el reino de Dios a través de la puerta angosta. La carretera al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino. 14 Sin embargo, la puerta de acceso a la vida es muy angosta y el camino es difícil, y son sólo unos pocos los que alguna vez lo encuentran.


    El árbol y su fruto


    15 »Ten cuidado de los falsos profetas que vienen disfrazados de ovejas inofensivas pero en realidad son lobos feroces. 16 Puedes identificarlos por su fruto, es decir, por la manera en que se comportan. ¿Acaso puedes recoger uvas de los espinos o higos de los cardos? 17 Un buen árbol produce frutos buenos y un árbol malo produce frutos malos. 18 Un buen árbol no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. 19 Por lo tanto, todo árbol que no produce frutos buenos se corta y se arroja al fuego. 20 Así es, de la misma manera que puedes identificar un árbol por su fruto, puedes identificar a la gente por sus acciones.


    Verdaderos discípulos


    21 »No todo el que me llama: “¡Señor, Señor!” entrará en el reino del cielo. Sólo entrarán aquellos que verdaderamente hacen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. 22 El día del juicio, muchos me dirán: “¡Señor, Señor! Profetizamos en tu nombre, expulsamos demonios en tu nombre e hicimos muchos milagros en tu nombre”. 23 Pero yo les responderé: “Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes, que violan las leyes de Dios”.


    Edificar sobre un cimiento sólido


    24 »Todo el que escucha mi enseñanza y la sigue es sabio, como la persona que construye su casa sobre una roca sólida. 25 Aunque llueva a cántaros y suban las aguas de la inundación y los vientos golpeen contra esa casa, no se vendrá abajo porque está construida sobre un lecho de roca. 26 Sin embargo, el que oye mi enseñanza y no la obedece es un necio, como la persona que construye su casa sobre la arena. 27 Cuando vengan las lluvias y lleguen las inundaciones y los vientos golpeen contra esa casa, se derrumbará con un gran estruendo».

    28 Cuando Jesús...

    6 min
  • “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12)

    Meditación          

    “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12)

    Todo esto con gozo. No se trata de ser pacientes y longánimos mientras se vive con un corazón entristecido que manifiesta raíces de amargura. Dios que nos capacita para las virtudes citadas, lo hace también para que el gozo se manifieste en toda ocasión. El gozo no es del hombre o producto de su reflexión y disposición, sino el que produce el Espíritu en nosotros. Es la forma natural que corresponde a quien vive a Cristo. Jesús fue paciente y longánimo pero en los momentos de mayor tensión, humanamente hablando, cuando la Cruz se presentaba como algo inminente delante de Él, podía decir a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Jn. 15:11). La manifestación del gozo personal del Señor es posible en la vida cristiana por la acción del Espíritu Santo. Esto nos permite soportar las pruebas con gozo, cantando y alabando al Señor en medio del conflicto (Hch. 16:25). El gozo es posible porque el cristiano sabe que todas sus dificultades son conducidas por Dios a feliz término para ser bendición en su vida (Ro. 8:28). El gozo es la distinción fundamental entre la paciencia cristiana y la estoica.

    Por la fuerza impartida por Dios, los creyentes pueden dar gracias con gozo, a pesar de que pudieran estar, en el momento de la oración, siendo perseguidos por causa de la justicia, vituperados por el mundo, sufriendo la maledicencia de los hombres, pero, el galardón que esperan en el cielo les llena de gozo y les conduce a dar gracias a Dios (Mt. 5:10–12). En todo momento podemos y debemos ser agradecidos (Ef. 5:20). Pablo enseña a dar gracias al Padre (Fil. 4:6; Col. 3:17; 1 Ts. 5:18), ya que de Él procede todo don perfecto y toda buena dádiva (Stg. 1:17). La enseñanza del deber de gratitud a Dios es evidente en Pablo: “Dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef. 5:20); “y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Col. 3:17). Es de notar que la acción de gracias debe dirigirse al Padre, haciéndolo en el nombre de Jesucristo, que hace posible que la oración acceda a la presencia de Dios, por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Ti. 2:5).

    La primera razón para expresar gratitud al Padre es que nos hizo aptos. Quiere decir que nos ha hecho adecuados para algo. Dios ha hecho a los creyentes capaces, competentes, suficientes, de otro modo, Dios habilitó al cristiano para que fuese capaz de participar en la herencia. La primera gran operación de la gracia en esta capacitación, es hacernos aptos para el reino de luz. Cada uno de los no salvos son hijos de las tinieblas y viven entenebrecidos. No pueden, por tanto, ser capaces de disfrutar de lo que pertenece al Reino de los cielos. Como quiera que los dones de la herencia son de dimensión sobrenatural, es preciso la capacitación del hombre para poder acceder a ella. Esta capacitación o aptitud para el creyente es una operación de la gracia, por lo que exige la correspondiente gratitud. Dios nos ha hechos cercanos en Cristo, de modo que antes de creer, “En aquel tiempo, estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Ef. 2:12, 13). Esa aproximación a Dios era imposible en nuestra condición de muertos...

    7 min
  • Mateo 6


    Capítulo 6


    Enseñanza acerca de dar a los necesitados


    1 »¡Tengan cuidado! No hagan sus buenas acciones en público para que los demás los admiren, porque perderán la recompensa de su Padre, que está en el cielo. 2 Cuando le des a alguien que pasa necesidad, no hagas lo que hacen los hipócritas que tocan la trompeta en las sinagogas y en las calles para llamar la atención a sus actos de caridad. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que ésa. 3 Pero tú, cuando le des a alguien que pasa necesidad, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. 4 Entrega tu ayuda en privado, y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.


    Enseñanza acerca de la oración y el ayuno


    5 »Cuando ores, no hagas como los hipócritas a quienes les encanta orar en público, en las esquinas de las calles y en las sinagogas donde todos pueden verlos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que ésa. 6 Pero tú, cuando ores, apártate a solas, cierra la puerta detrás de ti y ora a tu Padre en privado. Entonces, tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.

    7 »Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los seguidores de otras religiones. Piensan que sus oraciones recibirán respuesta sólo por repetir las mismas palabras una y otra vez. 8 No seas como ellos, porque tu Padre sabe exactamente lo que necesitas, incluso antes de que se lo pidas. 9 Ora de la siguiente manera:


    Padre nuestro que estás en el cielo,

    que sea siempre santo tu nombre.

    10 Que tu reino venga pronto.

    Que se cumpla tu voluntad en la tierra

    como se cumple en el cielo.

    11 Danos hoy el alimento que necesitamos,

    12 y perdona nuestros pecados,

    así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.

    13 No permitas que cedamos ante la tentación,

    sino rescátanos del maligno.


    14 »Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti; 15 pero si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados.

    16 »Cuando ayunes, que no sea evidente, porque así hacen los hipócritas; pues tratan de tener una apariencia miserable y andan desarreglados para que la gente los admire por sus ayunos. Les digo la verdad, no recibirán otra recompensa más que ésa. 17 Pero tú, cuando ayunes, lávate la cara y péinate. 18 Así, nadie se dará cuenta de que estás ayunando, excepto tu Padre, quien sabe lo que haces en privado; y tu Padre, quien todo lo ve, te recompensará.


    Enseñanza acerca del dinero y las posesiones


    19 »No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los destruye, y donde los ladrones entran y roban. 20 Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar. 21 Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.

    22 »Tu ojo es una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz; 23 pero cuando tu ojo es malo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!

    24 »Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y al dinero.

    25 »Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más que la ropa? 26 Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros, porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que ellos? 27 ¿Acaso con

    8 min
  • Mateo 5


    Capítulo 5


    El Sermón del monte


    1 Cierto día, al ver que las multitudes se reunían, Jesús subió a la ladera de la montaña y se sentó. Sus discípulos se juntaron a su alrededor, 2 y él comenzó a enseñarles.


    Las bienaventuranzas


    3 «Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él,

    porque el reino del cielo les pertenece.

    4 Dios bendice a los que lloran,

    porque serán consolados.

    5 Dios bendice a los que son humildes,

    porque heredarán toda la tierra.

    6 Dios bendice a los que tienen hambre y sed de justicia,

    porque serán saciados.

    7 Dios bendice a los compasivos,

    porque serán tratados con compasión.

    8 Dios bendice a los que tienen corazón puro,

    porque ellos verán a Dios.

    9 Dios bendice a los que procuran la paz,

    porque serán llamados hijos de Dios.

    10 Dios bendice a los que son perseguidos por hacer lo correcto,

    porque el reino del cielo les pertenece.


    11 »Dios los bendice a ustedes cuando la gente les hace burla y los persigue y miente acerca de ustedes y dice toda clase de cosas malas en su contra porque son mis seguidores. 12 ¡Alégrense! ¡Estén contentos, porque les espera una gran recompensa en el cielo! Y recuerden que a los antiguos profetas los persiguieron de la misma manera.


    Enseñanza acerca de la sal y de la luz


    13 »Ustedes son la sal de la tierra. Pero ¿para qué sirve la sal si ha perdido su sabor? ¿Pueden lograr que vuelva a ser salada? La descartarán y la pisotearán como algo que no tiene ningún valor.

    14 »Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. 15 Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. 16 De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial.


    Enseñanza acerca de la ley


    17 »No malinterpreten la razón por la cual he venido. No vine para abolir la ley de Moisés o los escritos de los profetas. Al contrario, vine para cumplir sus propósitos. 18 Les digo la verdad, hasta que desaparezcan el cielo y la tierra, no desaparecerá ni el más mínimo detalle de la ley de Dios hasta que su propósito se cumpla. 19 Entonces, si no hacen caso al más insignificante mandamiento y les enseñan a los demás a hacer lo mismo, serán llamados los más insignificantes en el reino del cielo; pero el que obedece las leyes de Dios y las enseña será llamado grande en el reino del cielo.

    20 »Les advierto: a menos que su justicia supere a la de los maestros de la ley religiosa y a la de los fariseos, nunca entrarán en el reino del cielo.


    Enseñanza acerca del enojo


    21 »Han oído que a nuestros antepasados se les dijo: “No asesines. Si cometes asesinato quedarás sujeto a juicio”. 22 Pero yo digo: aun si te enojas con alguien, ¡quedarás sujeto a juicio! Si llamas a alguien idiota, corres peligro de que te lleven ante el tribunal; y si maldices a alguien, corres peligro de caer en los fuegos del infierno.

    23 »Por lo tanto, si presentas una ofrenda en el altar del templo y de pronto recuerdas que alguien tiene algo contra ti, 24 deja la ofrenda allí en el altar. Anda y reconcíliate con esa persona. Luego ven y presenta tu ofrenda a Dios.

    25 »Cuando vayas camino al juicio con tu adversario, resuelvan rápidamente las diferencias. De no ser así, el que te acusa podría entregarte al juez, quien te entregará a un oficial y te meterán en la cárcel....

    10 min
  • Mateo 4


    Capítulo 4


    Tentación de Jesús


    1 Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que allí lo tentara el diablo. 2 Durante cuarenta días y cuarenta noches ayunó y después tuvo mucha hambre.

    3 En ese tiempo, el diablo se le acercó y le dijo:

    —Si eres el Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan.

    4 Jesús le dijo:

    —¡No! Las Escrituras dicen:


    “La gente no vive sólo de pan,

    sino de cada palabra que sale de la boca de Dios”.


    5 Después el diablo lo llevó a la santa ciudad, Jerusalén, al punto más alto del templo, 6 y dijo:

    —Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate! Pues las Escrituras dicen:


    “Él ordenará a sus ángeles que te protejan.

    Y te sostendrán con sus manos

    para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”.


    7 Jesús le respondió:

    —Las Escrituras también dicen: “No pondrás a prueba al SEÑOR tu Dios”.

    8 Luego el diablo lo llevó a la cima de una montaña muy alta y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria que hay en ellos.

    9 —Te daré todo esto —dijo— si te arrodillas y me adoras.

    10 —Vete de aquí, Satanás —le dijo Jesús—, porque las Escrituras dicen:


    “Adora al SEÑOR tu Dios

    y sírvele sólo a él”.


    11 Entonces el diablo se fue, y llegaron ángeles a cuidar a Jesús.


    Comienzo del ministerio de Jesús


    12 Cuando Jesús oyó que habían arrestado a Juan, salió de Judea y regresó a Galilea. 13 Primero fue a Nazaret, luego salió de allí y siguió hasta Capernaúm, junto al mar de Galilea, en la región de Zabulón y Neftalí. 14 Así se cumplió lo que Dios dijo por medio del profeta Isaías:


    15 «En la tierra de Zabulón y Neftalí,

    junto al mar, más allá del río Jordán,

    en Galilea, donde viven tantos gentiles,

    16 la gente que estaba en la oscuridad

    ha visto una gran luz.

    Y para aquellos que vivían en la tierra donde la muerte arroja su sombra,

    ha brillado una luz».


    17 A partir de entonces, Jesús comenzó a predicar: «Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca».


    Primeros discípulos


    18 Cierto día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a dos hermanos —a Simón, también llamado Pedro, y a Andrés— que echaban la red al agua, porque vivían de la pesca. 19 Jesús los llamó: «Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!». 20 Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron.

    21 Un poco más adelante por la orilla, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, sentados en una barca junto a su padre, Zebedeo, reparando las redes. También los llamó para que lo siguieran. 22 Ellos, dejando atrás la barca y a su padre, lo siguieron de inmediato.


    Multitudes siguen a Jesús


    23 Jesús viajó por toda la región de Galilea enseñando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia del reino, y sanando a la gente de toda clase de enfermedades y dolencias. 24 Las noticias acerca de él corrieron y llegaron tan lejos como Siria, y pronto la gente comenzó a llevarle a todo el que estuviera enfermo. Y él los sanaba a todos, cualquiera fuera la enfermedad o el dolor que tuvieran, o si estaban poseídos por demonios, o eran epilépticos o paralíticos. 25 Numerosas multitudes lo seguían a todas partes: Gente de Galilea, de las Diez Ciudades, de Jerusalén, de toda Judea y del oriente del río Jordán.



    Nueva Traducción Viviente

    5 min

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