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En 1954, Alemania trataba de reconstruirse de la devastación generada por la Segunda Guerra Mundial, que dejó sus principales ciudades en ruinas y diezmó a su industria. Herido y señalado por las atrocidades cometidas por los Nazis, el pueblo alemán buscaba renacer, y encontraron en un lugar poco imaginado un motivo para sonreír.
El mundo había cambiado radicalmente, a las transmisiones radiales se sumó un nuevo invitado: la televisión, que abrió los límites de los estadios y permitió que millones atestiguaran lo ocurrido aquel verano de 1954.
En Suiza, el conjunto alemán, considerado durante los primeros años del siglo XX como el más débil en Europa Central, encontró la oportunidad de darle a su gente una alegría. Pero enfrente, estaba el mejor equipo del mundo: Hungría.
Durante sus primeros años de vida, México atravesó por décadas de inestabilidad política, social y económica. Dictaduras, golpes de estado, imperios fallidos, sangrientas revoluciones impedían el crecimiento del país. Pero desde 1940 las cosas cambiaron, la economía crecía de manera constante, debido al auge petrolero y a la naciente industria.
En el punto más alto de este periodo de prosperidad, en 1964 le fue otorgada la sede de la Copa del Mundo.
El 21 de junio de 1970, luego de 40 años de ser disputada por los mejores futbolistas del mundo, la Copa Jules Rimet, aquel legendario trofeo elaborado en París a finales de los años veinte, estaba por conocer su último destino.
Las reglas indicaban que aquel equipo que ganase tres veces la copa, podría conservarla a perpetuidad, y aquella soleada mañana mexicana, Italia y Brasil se disputaban en un solo juego la posesión de la Diose Nike.
De un lado, Luigi Riva, Gianni Rivera y Sandro Mazzola, del otro, Rivelino, Tostao, Jerson, pero sobre todo, era el último juego en mundiales de Pelé.
El Torneo Mundial de Estados Unidos 1994 sería el primero después de la caída de la Unión Soviética, el primero en la era del Internet, y el primero, en el que el fútbol no estaba en terreno conquistado, ni siquiera se llamaba fútbol, sino soccer.
Fuimos testigos de la gran tragedia colombiana, encarnada en Andrés Escobar. México avanzó a segunda fase por primera vez fuera de casa, pero protagonizó una triste marcha en Nueva York. Mientras el mundo cambiaba hacía la era digital, el mejor jugador argentino de la historia, se despedía de manera polémica del torneo que ganó ocho años atrás. Bulgaria sorprendió al mundo, España vivió una injusticia, y en la final, ante más de cien mil personas en Pasadena, Italia y Brasil se reencontraban. Roberto Baggio y Romario eran las grandes estrellas de la época, solo uno ganaría la copa.
Todo esto y más en este episodio de Leyendas del Balon
El 19 de septiembre de 1985 era como cualquier otro día en la Ciudad de México. La gente comenzaba sus actividades cotidianas, en el centro de la ciudad,
Dos minutos antes, en las costas del Pacífico mexicano se generó un monstruoso terremoto con magnitud de 8.1 grados en la escala de Richter, de pronto, el centro de la ciudad se colapsó.
Emblemáticos edificios se vieron reducidos a escombros en tan solo segundos. El Hotel Regis se vino abajo, el famoso restaurante la Super Leche se convirtió en la trampa de decenas de clientes que solían desayunar en ese sitio, los edificios Nuevo León y Tamaulipas, en la unidad habitacional Tlatilco Tlatelolco, eran ya solo varillas retorcidas y polvo.
La ciudad de Lázaro Cárdenas, lugar del epicentro, estaba completamente destruida, así como muchos pueblos de los estados de Jalisco, Michoacán y Colima.
Los cuatro minutos que duró el movimiento telúrico, hicieron olvidar, que esa ciudad que ahora estaba en ruinas, en menos de ocho meses sería la sede la siguiente Copa Mundial de Fútbol.
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