México viajó del cielo al infierno en las dos primeras Copas Américas a las que fue invitado, primero alcanzando el subcampeonato en 1993 y luego cayendo de forma absurda ante los Estados Unidos en la tanda de penales de 1995.
Éramos llamados una vez más para la siguiente edición, a disputarse en el 97 ahora en tierras bolivianas. El nuevo guía se llamaba Velibor y le apodaban Bora.
El serbio Milutinovic fue el encargado de continuar el legado de esta fantástica generación de jugadores, que buscaba seguir creciendo y aprovechar el gran ritmo que se empezó a tomar desde 1991, aunque ahora lo haría de la mano de muchas futuras promesas.
Afortunadamente los resultados estarían a la altura de las expectativas, encontrándonos incluso con una gigantesca sorpresa goleadora, gracias a un delantero que usaba el pelo largo y una desfachatez digna de sus orígenes jarochos: el Matador Hernández.
México conseguía entonces el tercer lugar de la Copa América 1997, el segundo mejor puesto en tres oportunidades.
Luis Hernández se convirtió también en el primer y único campeón de goleo mexicano en el torneo sudamericano, superando las 5 dianas del Fenómeno Ronaldo.
La Selección de Velibor Milutinovic demostraba desde hace 25 años que no tiene mucho de malo probar a la juventud, siempre y cuando esos muchachos cuenten con calidad en las piernas y no sean sólo unas promesas que nunca se van a cumplir.
Con un juego ordenado, agresivo en los momentos correctos, pero con algunos lapsos no tan claros, el Tricolor edición 1997 dio una prueba de lo que ocurriría en 1998 y 1999, donde se iban a escribir memorables Leyendas del Futbol Mexicano.