Locución: Manuel López Castilleja
Fondo musical: Vicente Amigo_Bolero del Amigo
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Una familia, que era muy pobre, sólo tenía un
burro viejo y flaco. Un día el marido decidió vender el
burro en la feria de ganado y su mujer se reía:
-¿Quién va a querer un burro tan feo, tan flaco y tan
viejo?
-Bueno, yo lo voy a intentar.
El hombre le cogió a su mujer unas monedas de oro
que ella guardaba y se las dio al burro para que se las
tragara. Después se fue al mercado y empezó a pregonar:
-¡Vendo un burro que caga monedas de oro!
Un grupito de personas se acercó a ver lo que pasaba.
El burro echó una moneda y enseguida todos empezaron
a ofrecerle dinero.
-Yo le doy cien mil pesetas.
-Doscientas mil.
-¡No!
-Quinientas mil.
-¡No!
-Un millón.
-Venga, pero que sepáis que este burro es una mina
de oro y que me quedo sin él. Eso sí, el burro es muy
delicado y tiene que dormir en una habitación llena de
heno.
Al día siguiente, abrieron la habitación y buscaron al
burro por todos lados, pero el burro ya no estaba allí. La
mujer del que lo había comprado le formó la grande:
-¡A quién se le ocurre comprar un burro tan
esquelético y viejo! ¡Pagar un millón de pesetas por este
animal! ¡Eso no se le ocurre a nadie!
-No te pongas así, mujer. Voy a ver al que me vendió
el burro.
Y el vendedor sabía que el otro volvería tarde o
temprano, así que cogió dos conejos, le dio uno a su
esposa y le dijo:
-Tú vete fuera y cuando ese señor venga, entras con
el conejo.
Llegó el señor y le formó la grande y él, muy
tranquilo, le dijo:
-Mira este conejo, lo voy a mandar fuera a buscar a
mi señora.
A esto que llega la mujer con el otro conejo en
brazos.
-¡Pero, bueno, un conejo que hace recados!
-Sí, a este le pone mi señora una cestita en el cuello
con una nota y dinero y le trae la compra. Y también le
ayuda a hacer las camas.
-¡Me quedo con él!
Y se pusieron a negociar otra vez:
-Pero, ¿cómo voy a venderle el conejo con la ayuda
que tiene mi señora con él?
-Me lo llevo, ¿vale?
-Por otro millón.
Llegó a su casa:
-¡María, María! ¡Mira qué conejo te he comprado! Te
va a ayudar. Hace las labores del hogar y va a la compra.
¡Prueba! Ponle una cestita en el cuello con una nota, que
compre leche y pan.
Esperaron tres días y el conejo no aparecía. El
hombre, desesperado, salió a casa del vendedor. Este
estaba preparado esperándolo. Preparó una orza y la llenó
de sangre y se la puso a su señora en el pecho. Y
entonces apareció el comprador y le contó lo que había
pasado. Y el vendedor le dijo:
-Seguro que mi señora, que es muy celosa, le ha
quitado el encantamiento. ¡A esa la mato yo!
-No, hombre, no lo haga.
-Es sólo un susto. Cuando quiera la resucito.
Le clavó el cuchillo en la orza y empezó a salir
ucha sangre.
-Y todo gracias a este cuchillo.
-¡Dámelo!
-No, hombre, mira lo que hace mi mujer: mueve una
mano, mueve la otra, sube una pierna y sube la otra.
-Me lo llevo.
Llega a su casa y, antes de que su mujer le diga algo,
le clava el cuchillo.
-¡Levanta una mano! –nada- ¡Levanta la otra! –nada-
¡La he matado de verdad!
Volvió de nuevo en busca del vendedor.
-A este lo mato yo.
Lo cogió y lo metió en un saco para tirarlo a un pozo.
Por el camino paró para beber agua y dejó el saco en la
puerta de una casa. Y el del saco, el vendedor, se puso a
gritar:
-¡Que no, que no quiero casarme con la hija del rey!
Pasaba por allí un pastor y le preguntó:
-Yo sí, ¿qué tengo que hacer?
-¡Métase dentro de este saco!
Salió el otro de beber agua y tiró el saco al pozo con
el pastor dentro. Y cuando volvía de tirarlo vio al
vendedor con las ovejas.
-¿Qué hace usted aquí?
-Pues nada, que cuando me tiraste, de cada burbuja
me salió una oveja.
Y fue el otro y se tiró al pozo creyendo que era
verdad.
Juan I. Pérez y Ana Mª Martínez, Cien cuentos populares andaluces recogidos en el Campo de Gibraltar, Asociación LitOral, Algeciras, 2003