El profeta Ezequiel nos invita a ver la historia desde el futuro, donde la Morada de Dios tiene el centro de la vida de los hombres de donde mana la vida, la salud, la paz: pues sólo desde él tenemos realización y felicidad. El evangelio, también en el contexto del Templo como Presencia de Dios, nos presenta con la actitud del hombre frente a esa presencia, la cual la profana y pervierte, pero Cristo nos ofrece la máxima señal: su Cuerpo que se vuelve morada de Dios, lugar de encuentro entre Dios y el hombre. ¡Señor, sálvanos de nosotros mismos y que te busquemos en medio de nuestra oscuridad!