Dios, en su revelación a Ezequiel y a su Pueblo, los invita a acoger su Palabra y a hacerla parte de su existencia e historia, como alimento que fortalece y da sentido a su caminar, así como para anunciarla al mundo, desde una experiencia de reconciliación y obediencia. El evangelio nos exhorta a vivir con criterios diferentes a los de nuestro mundo, valorando la sencillez, lo pequeño, lo que no cuenta, acogiendo y preocupándonos por los más pequeños de este mundo. ¡Señor de los pobres, transforma nuestro corazón para amar!