La profecía de Amós es terrible, pues frente a la pérdida de sentido de Dios en la historia de Israel y bajo el disfraz de religiosidad, se oculta una búsqueda de ese sentido que da perspectiva y razón de ser, y ello solo Dios lo puede dar. El evangelio nos da esperanza, pues Dios nos busca constantemente, con realismo y misericordia de nuestra
naturaleza humana, y nos da espacio y oportunidad, invitándonos a hacer lo mismo con todo ser humano. ¡Señor, ten misericordia de nuestra humanidad y danos un corazón como el tuyo!