Pablo, desde su presente histórico, nos advierte a no dejamos entusiasmar por mensajes, apariciones o revelaciones, siempre buscados y ofertados, sino a profundizar el evangelio y ponerlo en práctica con obras y servicio. El evangelio de hoy, nos cuestiona en el presente que vivimos, a no dejar que nuestra fe se reduzca a lo exterior, a lo aparente o simplemente a una búsqueda de paz intimista, sino a trabajar con ganas en interiorizar y encarnar el mensaje de Cristo en nuestra persona y realidad. ¡Maestro, purifica nuestras motivaciones para seguirte!