El Hijo Pródigo de la parábola es nuestra propia historia, en la búsqueda de independencia de Dios, lo que nos lleva a perder nuestra calidad de seres humanos. Pero el Hijo Pródigo nos invita a experimentar también la ternura del perdón, la locura de la resurrección y el amor del Padre. Sin embargo, nos queda la posibilidad de la experiencia de aquel que ha cumplido todo, y que solo ve la fe como una transacción de méritos. ¡Bendito seas, Dios santo, que te alegras al dar tu gracia y tu perdón!