La experiencia de encuentro con Jesús resucitado compromete y apasiona a la comunidad apostólica, y por ello, le entregan su fe, su corazón, su vida, y el espíritu de Dios los sumerge en su fuego. El evangelio nos descubre el potencial que existe en el acontecimiento de la Resurrección, abriéndonos fronteras, dilatando nuestra visión de la existencia humana; es así que la Iglesia sigue viviendo y amando con sobrenatural obstinación. ¡Señor, te suplicamos, que hagas brillar sobre nosotros la luz de tu rostro!