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¡Todo lo que respire alabe a Dios! Y como somos sus hijos debemos de alabarlo y adorarlo en todo momento.
Jesús resucito al tercer día demostrando que Él venció a la muerte y dejo todo nuestros pecados en la cruz.
Los tiempos de Dios son perfectos y no son igual a nuestro tiempo, por eso solo confiemos en Él y así veremos los milagros en nuestra vida.
Meditemos todo el tiempo en la palabra de Dios y dispongamos nuestro corazón a Él para que haga los cambios en nuestra vida.
Dios establece su autoridad acá en la tierra y con su mano poderosa el proveerá a tu vida y te bendecirá abundantemente.
Jehová es nuestra piedra angular, que nos sustenta, nos cubre con su misericordia.
Los tiempos de Dios son diferentes a los nuestros, los de Él son perfectos para nuestra vida y la de nuestra familia.
Debemos meditar siempre en la palabra de Dios para poder tener un mayor conocimiento de ello y así poder luchar las guerras espirituales con la armadura de Dios y salir vencedores.
Como hijos de Dios tenemos una gran herencia por parte de Él, porque su palabra dice que que sus estatutos son herencia nuestra y son el regocijo de nuestro corazón.
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