En el santuario de Chalma, uno de los más concurridos del país, miles de peregrinos venidos de diversos puntos del centro de México, algunos grupos indígenas y de danzantes celebran al Cristo del siglo XVI que sustituyó a una deidad prehispánica.
Chalma es un pequeño pueblo enclavado en el Estado de México, dónde se ubica uno de los principales centros de peregrinación religiosa de México.
La tradición data desde mediados del siglo XVI, que fue cuando los frailes agustinos sustituyeron a una deidad indígena por un Cristo negro.
A lo largo de todo el año, muchedumbres de fieles visitan el templo. El séptimo domingo después de semana santa, las cofradías se organizan y llegan con sus cruces para montarlas en el atrio del santuario y a los alrededores. Donde rinden culto de noche y día mediante rezos, penitencias, cantos y danzas.
Esa fervorosa celebración culmina el siguiente jueves, día de la Ascensión, las cruces regresan a su origen para permanecer ahí hasta la renovación del ciclo sagrado.