En 1973, nadie creía que una película sobre naves espaciales fuera a funcionar.
Antes de rodar Star Wars, George Lucas tomó una decisión que los directivos de Hollywood consideraron estúpida.
Renunció a cobrar 500.000 dólares como director a cambio de algo que parecía no valer nada.
Pidió quedarse con todos los derechos de las secuelas y, sobre todo, con los derechos del merchandising.
A los jefes de Fox les pareció un regalo, ya que en aquella época los juguetes de películas no vendían nada.
Se rieron de él y firmaron el contrato sin dudarlo.
Pero cuando se estrenó la película, el mundo entero explotó.
Lucas no solo se hizo inmensamente rico con las entradas, sino que vendió millones de figuras de acción, naves y camisetas.
Ese "pequeño" derecho de propiedad le permitió financiar su propio imperio.
Años después, logró vender Lucasfilm a Disney por la increíble cifra de 4.000 millones de dólares.
Nos enseñó la lección financiera definitiva: el verdadero valor no está en tu sueldo mensual, sino en ser el dueño de los activos.
Fuentes de información: Forbes, The Hollywood Reporter, Business Insider