Más de un millón de peregrinos de todo el mundo acudieron a Roma el pasado 1 de mayo para asistir a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II.
En este sentido, tras seis años y un mes después de su muerte, Juan Pablo II fue elevado a la gloria de los altares por su sucesor ,el Papa Benedicto 16. Durante la ceremonia el actual Papa resaltó que Juan Pablo II “ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos y que introdujo al pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio con esperanza”.
Y es que cabe destacar que el pontificado de Juan Pablo II tuvo una duración de 26 años , siendo el tercero más largo en la historia de la Iglesia católica, después del de San Pedro y el de Pío IX .
En este contexto, Juan Pablo II ha sido aclamado como uno de los líderes más influyentes del siglo XX, y uno de los Papas más viajeros de la historia, visitando 129 países durante su pontificado. Asimismo, como parte de su especial énfasis en la llamada universal a la santidad, beatificó a 1.340 personas y canonizó a 483 santos.
En esta misma línea, su sucesor Benedicto 16 ,durante sus ya seis años de pontificado, ha proclamado a 34 santos y casi 600 beatos, en su mayoría españoles.
Pero, ¿Cuál es el proceso de beatificación y canonización llevado a cabo por la Iglesia católica? ¿Por qué la beatificación de Juan Pablo II ha sido el más corto de la historia moderna? ¿Cuáles son los requisitos para llegar a ser Santo? ¿Es necesaria la canonización de tantos santos para la fe católica?
Para responder a estas y otras cuestiones tenemos con nosotros a José María Martí i Bonet, Sacerdote y Doctor en Historia Eclesiástica por la Universidad Gregoriana De Roma, a Lluís Busquets, profesor, licenciado en filosofía y en Sagrada Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y autor del libro “Carta al Papa”, a Carlos Alberto Marmelada, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor de la Universidad Internacional de Cataluña y escritor, a Josep Torrents, portavoz de Iglesia Plural, y a Oriol Domingo, periodista de religión de la Vanguardia.