MAGNUM 44 Canal Harry Callahan Good Morning Vietna

MAGNUM 44 Canal Harry Callahan Good Morning Vietna

By Harry CallahanTV & Film
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MAGNUM 44 Canal Harry Callahan Good Morning Vietna episodes

  • 'FARGO (serie TV)': Deconstruyendo a los Coen
    CRÍTICA **SIN SPOILERS** Y CON EXTRAS DE LA SERIE DE TV FARGO
    Revisitar los particulares universos de creadores únicos suele ser deporte de riesgo. Que se lo pregunten a Gus Van Sant, cuando se encaprichó en fusilar plano a plano al maestro Hitchcock y su Psicosis. Aún le canean sin piedad y con justificada inquina en los mentideros críticos. Y, ojo, de aquella herejía van a cumplirse casi veinte años.
    Por eso, cada vez que el término remake se menta, es para el cinéfilo como la bicha. El What The Fuck está cantado y la escopeta cargada, rebosante de mala baba, presta a descerrajarse sobre quién ose perturbar la memoria de cualquier peliculón.
    Así, cuando al bulo tuitero que generó incredulidad, siguió la confirmación por parte de FX de que Fargo, el Fargo de los Coen, ese Fargo, iba a convertirse en serie, nadie dio dos duros porque de aquella infeliz idea saliese algo medianamente comestible. Lo más bonito que se dijo fue lo de siempre en estos casos: que era innecesario.
    ¿Innecesario? ¿De verdad? Pero que prejuiciados podemos ser. Por fortuna, en ocasiones, la excepción confirma la regla y, mira por donde, ha resultado que la serie no sólo se ha convertido en un necesario, o mejor aún, imprescindible apéndice expansivo de la película, sino que ha superado a ésta en muchos aspectos. Antes de que me mandéis a Lorne Malvo a aplicarme un correctivo (que inmenso Billy Bob Thorton), os lo razono.
    Evidentemente, una película no es una serie. Estamos de acuerdo. Noventa minutos no son quinientos. La economía narrativa es tirana con la primera. En la segunda, puedes regodearte en contar pelos y señales de todo lo que en el filme solo se esbozaba. Vale. Tocino, velocidad, churras, merinas, ser injusto al comparar, odiosamente. Sí, lo que queráis. Pero la experiencia, como espectador, es al fin y al cabo lo que cuenta. Y, en esos terrenos, la serie, como cantaría Silvio Rodriguez, no es perfecta más se acerca a lo que yo simplemente soñé.
    Si preguntamos a Ferrán Adriá en que consiste deconstruir, te contestará con su atropellada dialéctica pero muy clarito que deconstruir es aislar los diversos ingredientes de un plato, y reconstruirlo de manera diferente, de tal modo que el aspecto sea distinto, mientras que el sabor permanece inalterado. Pues bien amigos, eso es Fargo, la serie, una fenomenal deconstrucción de la sui genéris obra que los Coen parieron en 1996.
    Y es que la serie recoge todo ese imaginario esperpéntico, teñido estúpidamente de sangre y basado en hechos hipotéticamente reales, aisla sus esencias, potencia sus sabores, y los presenta emplatados con una propuesta audiovisual que va más allá del origen fílmico.
    Porque la cámara aquí se mueve mejor, con alambicadas secuencias, encadenados y composiciones de plano de pura filigrana. La música de Jeff Russo, además de homenajear con obviedad la de Carter Burwell, empasta y funciona en sincronía suiza con lo que ocurre en pantalla, dotando a la imagen de un poder insoslayable y maridando con ejemplaridad las labores de montaje. Buena prueba de lo más allá que audiovisualmente va la serie, son los prólogos de los capítulos y lo que en ellos se cuenta. Aperitivos pura delicatesen que abren el apetito voraz hasta del espectador más receloso a la revisión de sus tótems cinéfilos.
    Llegados a este punto, conviene aclarar que argumentalmente, las dos propuestas divergen. Estamos en medio de la nada, nieve por todas partes, hay poli embarazada, jerseys horteras de cuello vuelto, está leñador gigante, el buey azul y, claro, efectos mariposa y azares que se vuelven bromas macabras; y violencia fortuita, atávica, descontrolada, en atónita espiral. Pero las historias son distintas, pobladas por personajes que son derivaciones, tributos o síntesis de la peculiar fauna que descubría la película. Ello propone además un curioso juego de quién es quién, o de qué es qué. De descubrimiento de crossovers y huevos de pascua, escondidos por doquier para guiñar el ojo, no solo a la cinta primigenia, sino al universo Coen, pues de hecho, no solo de “Fargo” vive la serie, sino que también los hace de “Sangre Fácil”, “El Hombre que nunca estuvo allí”, “No es país para viejos” o “Un tipo serio”.
    Una serie que desata algo que solo esbozaba la película: el humor negrísimo, cruel, insano que apela a unos instintos tan bajos como los que se desnudan de un protagonista muy Walter White, por cierto, ahogado y pisoteado por un micromundo poblado por gente imbécil, prosaica, inaguantable, jode vidas, que merecen saber que tú estás en lo cierto y los demás equivocados.
    Probablemente, la mejor película de Tim Burton no la dirigió él. Me refiero a “Pesadilla antes de Navidad”. Henry Selick consiguió en aquella lo que el showrunner y, acertadamente, único guionista, Noah Hawley, ha logrado en ésta. Tamizar el aluvión creativo de un genio, dos aquí, y sintetizarlo en lo que realmente merece ser contado, de la manera que merece ser contada, creando una obra inobjetable, sin excesos ni caprichos, perfecta en su concepción y desarrollo. Certerísima, como experiencia más allá de un filme que, a la postre, resulta que pedía a gritos más, mucho más.
    Y es que, que menos podía esperarse de una serie en la que, sus polis llevan en el escudo, nada menos que al toro de Osborne.
    11 min
  • 'OPEN WINDOWS': No disparen a los caballos
    CRÍTICA ***SIN SPOILERS*** Y CON EXTRAS DE LA PELÍCULA DE NACHO VIGALONDO
    Por fortuna, aún hay culos inquietos en esto del cine. Gente por encima de convencionalismos, e incluso, de las cortapisas que la industria pone, insólitamente, al genio creativo. Además, con sus obras dan un puñetazo en la mesa y desmienten a aquellos que dicen que todo está visto y contado.
    Aquí tenemos la fortuna de contar con una panda estos inasequibles al desaliento; que tratan, con cada filme, de dar un giro de tuerca y poner, además, cierta huella de autor. Me refiero a tipos como Eugenio Mira, Rodrigo Cortés o Nacho Vigalondo. Funambulistas que se pasean por la cuerda floja siempre de frente, sin mirar abajo, donde no suele haber red.
    Me gusta eso, los riesgos, las aventuras, las provocaciones. Tanto me da que tomen sus referencias en otros malabaristas narrativos o visuales. Lo de menos es que para venderse, tiren de morbo con fichajes llamativos en los casting. Lo que me entusiasma es que me sorprendan, me descoloquen y me hagan darle vueltas a como me han tangado durante el metraje de sus obras.
    El caso de Vigalondo es, por otra parte, siempre expectante. Un cineasta al que me gusta referirme como currista, en referencia del mítico, igualmente provocador y divisor de opiniones, Curro Romero. Sí, el torero. Y es que el de Camas era capaz de lo mejor y lo peor, sin solución de continuidad, ni media ponderada. El de Cabezón de la Sal, es también capaz de lo mejor: el único filme de viajes en el tiempo que me ha convencido por siempre jamás (“Los Cronocrímenes”); y de lo peor, que digo, pésimo, insoportable, indigerible: esa idea curiosa para un breve corto estirada cual chicle bang bang que fue “Extraterrestre”.
    Cuando terminé de ver ésta última, dije lo que dijo un currista tras una infausta tarde en la Maestranza a Romero, “el año que viene va a venir a verte tu puta madre… y yo”. Y cumpliendo promesas, plenamente paradójicas, irreflexivas, ahí estuve, puntual a la cita, para ver, por fin, la tan retrasada como muy apetitosa “Open Windows”.
    Las expectativas se vieron superadas por un rompecabezas estético y argumental que es un verdadero jardín en el que Vigalondo se mete consciente y deliberadamente. Y del que sale a base de dominar los tiempos, la tensión narrativa y valerse de las modas tecnológicas, el vougeurismo que todos llevamos dentro y toda una espiral de más difíciles todavía.
    Evidentemente, la película exige saltos de fe, ir más allá de la suspensión de la credulidad. ¿Qué filme de estas características y riesgos no lo necesita? Al maestro Ford, le preguntaron una vez porqué los indios no disparaban a los caballos en “La Diligencia”. A lo que el mago del western respondió lacónico: Porqué entonces no habría película.
    Muchos dicen que aquí hay demasiados momentos en los que disparando a los caballos, la historia se habría acabado, hablan de rizos que se rizan en bucle, de cántaros, de fuentes, pero que queréis que os diga, compro “Open Windows”, como compré en su día títulos como “Gran Piano” o “Buried”. Y es que siempre me pirraré por saber hasta dónde me puede engañar, deslumbrantemente, un trilero.
    by @magnumcallahan
    NOTA: 8/10
    ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/Open%20Windows%20critica%20podcast.mp3
    TÍTULO ORIGINAL: Open Windows
    TRAILER: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-215864/trailer-19538528/
    WEB OFICIAL: http://es.eonefilms.com/films/open-windows
    DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt2409818/
    7 min
  • "TODOS ESTÁN MUERTOS": Lady Madrid
    "TODOS ESTÁN MUERTOS": Lady Anaya
    Hay películas que son una actriz. Para bien y para mal. Es el caso de “Todos están muertos”. Y es que la interpretación de Elena Anaya aquí se mete hasta el tuétano. Embebe, obnubila y aturde. Deseas que no salga nada más en pantalla que ella. ¿Para qué otra cosa? ¿Para qué malgastar esfuerzos en contar una historia manida, trufada de lugares comunes, previsibles?
    Amores platónicos juveniles, despertares sexuales inciertos, muertes traumadas, hijos no deseados, relaciones más que fraternales... Y todo este gazpacho culebronil, presentado como en un remake de “Ghost” pergeñado por la prima mejicana de Almodóvar...
    ¿Pero, sabéis que? me da igual todo ello, y su morosidad y su pretenciosa modernidad (que no es tal). Me es lo mismo, porque Álvaro Gutiérrez hace magia con su fotografía y extrae un delicioso glamour feista de la que bien podría haber inspirado a Leiva cuando compuso Lady Madrid con Pereza.
    Da igual su cardado flequillero, lo resquebrajado de sus labios, su conspicua delgadez, la ausencia de maquillaje o el vestuario así, como de andar por casa. O quizás es la milagrosa conjunción de todo. El caso es que es imposible que la cámara quiera más a una actriz. ¡Cómo aguantas primerísimos planos Lady Anaya! Tu presencia, tu mirada y tus titubeos en la voz compensan cualquier cosa que me jale del brazo, constantemente, para sacarme de la película, casting infanto-juvenil incluido... Tela de la marinera lo del nene co-protagonista.
    “Todos están muertos” es pues, para mal y para bien, una actriz, un personaje, una interpretación, una presencia, que arrebatan al espectador hasta el babeo, sí, a los acordes, además, de gente como Akrobats que le dan un punto hypster que mola a modernetes sabiondos como yo... y da igual que todo lo demás esté, a su lado, muerto o, al menos, lo parezca.
    by @magnumcallahan
    NOTA: 6/10
    TÍTULO ORIGINAL: "Todos están muertos"
    TRAILER: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-191093/trailer-19538498/
    WEB OFICIAL: http://www.avalon.me/distribucion/catalogo/todos-estan-muertos
    DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt2515214/
    7 min
  • "10.000 KM": Dicen que la distancia es el olvido...
    CRÍTICA CON EXTRAS DE LA PELÍCULA.
    Hay quien podrá tachar a su director (y co-guionista) de aprovecharse de que Skype, Google, Whatsapp o Facebook inundan nuestras vidas, para montar una peli en la que sean reclamo, pero dudaría de que el que así la definiera hubiese visto siquiera unos minutos del filme.
    Porque la tecnología, como ya ocurriese en la reciente “Her” de Spike Jonze, no es más que un elemento catalizador que apoya la narración de una historia de amor que gravita aquí sobre las medias naranjas y aquella frase de “si quieres ver a Dios reír, cuéntale tus planes”, o la de Ortega, “Yo soy yo y mis circunstancias”. Porque lo que cuenta Marqués-Marcet entre los poderosísimos (y cuan distintos) polvos inicial y final, que delimitan como prólogo y epílogo la película, es como puedes tener un quién, pero te puede fallar el cuándo, y no ser, sencillamente, el momento porque, en ese preciso instante, el azar os pone a 10.000 km de distancia. Y tu relación de golpe se convierte en una suerte de Google Street View, con el que estás pero no estás.
    Dos cosas me han fascinado en el modo de contar esta relación en conserva, que como todas, las conservas, tienen fecha de caducidad. En primer lugar, el audaz modo en que este debutante en el largo suple falta de presupuesto con talento. Rodada en una Barcelona que es a ratos Los Ángeles. Con el empleo de múltiples pantallas que se enturbian, ralentizan y pixelan, como la historia de sus protagonistas. Con el poder sinérgico de constantes metáforas sobre la comunicación siempre presentes, por ejemplo, en el trabajo de la prota. Y unos diálogos y colección de instantes que pese a su aparente inanidad conforman un devenir lógico, necesario, para concluir en un climax final a flor de piel. Además, esa capacidad para subsumir a los espectadores en incómodos vouyeurs de la intimidad cotidiana… Y todo ello sin que lo que veamos sea teatro en pantalla grande, ni mero juego de formatos estéticos, sino puro cine que es filigrana en el plano secuencia inicial de 23 minutos con que el filme pone sus cartas sobre la mesa, por si alguien podría dudar de lo que su realizador y actores son capaces.
    Lo que me lleva al otro arma de conquista masiva de la cinta: su dúo protagónico. En David Verdaguer y Natalia Tena, empieza y termina el reparto de la película y de la responsabilidad de sostenerla sin que la aparente cotidianeidad insulsa de sus personajes la dinamite. Están esplendidos en esa colosal labor. Si bien, la que me arrebata es la Osha de “Juego de Tronos”. Me creo su fragilidad, carácter, ironía, determinación, sensualidad, y todo lo que su gestualidad me transmite de la vida interior de su personaje. En su primer papel, además, en castellano. Su lengua natural es el inglés, justo lo contrario de lo que parece en el film. Chapó.
    Un dúo protagonista que cuando está frente a frente, sin gadgets ni inventos; cuando los kilómetros del título son centímetros; cuando desaparecen los artificios; cuando no hay virtualidad sino fisicidad; cuando ello ocurre, amigo mío, hace que el filme alcance su cenit al calor de una química proverbial, entre unos actores en la perfecta simbiosis que requiere esta historia de amor desencontrado que es, a la postre, un bolero, de los de siempre. Que habla de almas sin cuerpos que acariciar y, claro, sí, de la jodida modernidad que hace que pueda tenerte sin que realmente estés para tocarme y tocarte. Y de cómo, muy probablemente, la distancia es el olvido, o no…
    by @magnumcallahan
    10 min
  • 'TRUE DETECTIVE (TV)' : El barrilete cósmico
    CRÍTICA --SIN SPOILERS-- Y CON EXTRAS DE LA SERIE DE TV
    Méjico 86. Minuto 54 de partido. Argentina ya le había endosado un gol a una rival que lo era con más ganas que nunca: Inglaterra. Y el pibe Maradona engancha la bola en campo propio decidido a colarse hasta la cocina y terminar de ajustar cuentas con la pérfida Albión, la que antes de ayer había humillado a los gauchos en las Malvinas. El resto es historia, única si se recuerda en la voz del comentarista uruguayo Victor Hugo Morales. El gol, aquel gol, fue un sueño, perfecto, para muchos el mejor de la Historia del futbol.
    “True Detective” nos ha descubierto a quien pretende ser un nuevo pelusa. Un crack fichado en las ligas literarias que, pese a presentarse con sólo un par de partidos televisivos en su marcador, ha pergeñado la serie con la que HBO ha vuelto a demostrar porque todas las demás siempre irán a su zaga, por debajo en el gol average.
    El barrilete cósmico, se llama Nick Pizzolatto. Y en su manera de correr la banda se evidencia el toque de balón de David Lynch, la involuntaria enigmática de filmes como “El sueño eterno”, o la malsanidad de “El cebo” de Vajda. Finta, además, con referencias a la literatura gótica de Lovecraft y su maestro Chambers, y al policiaco detectivesco de Jim Thompson. Le hace la bicicleta a los amantes del rol. Y se la juega al espacio libre con las metareferencias y los estern eggs.
    Hay maestría a la hora de organizar el juego, apoyando la narrativa en un singular montaje de idas y venidas al centro del campo, moviendo el balón del pasado al presente, en un tiki-taka en el que se alternan jugadas explosiva, derrochando facultades, con dormir el juego para inquietar, sacar de las casillas o, simplemente, recrearse en el pase.
    Con todo, este nuevo enloquecedor del graderío televisivo no lo sería tanto sin un dream team que le hace la pared y sabe encontrar siempre su lugar en el campo. En estos terrenos, el amante de la chilena perfecta, el caracoleo ensimismado, la jugada de pizarra estipulada al milímetro. El tal Cary Joji Fukunaga, un arbitro de la elegancia estética feista. Visto también en apenas dos filmes de huella autoral que se une al Mister Pizzolatto integrando un tándem de Champions en lo que atañe a dotar cada plano de vida, muerte, símbolo y relectura.
    Y, claro, los puntas actorales. McConaughey, hábil en el desmarque, de imposible predicción. De los que te arman el lío. Siempre al borde del área. Con hambre y olfato a bocajarro. Y Harrelson, el del punterazo procaz, el deambular prosaico, el farolillo rojo de moralidad al contragolpe. Ambos, en sinergia involuntaria, alimentándose mutuamente en su permanente combinación al primer toque.
    Sin embargo, si bien “True Detective”, en todo su planteamiento y nudo, es ese segundo gol de Maradona en el estadio Azteca, aquel 22 de junio del 86. Una jugada modélica, de las que emboban y pasan a la Historia. Un dribbling constante, una filigrana tan imaginativa y como pretenciosa. El desenlace final, precedido de mil teorías al más puro estilo “Perdidos”, es más, a la postre, el primer tanto de aquel mismo partido mundialista. El que el ídolo albiceleste marcó con “la mano de Dios”. Y es que aquí el showrunner resuelve la melee en que la trama se había convertido con más oficio que brillantez, con más oportunismo que deportividad, no estando a la altura de las expectativas creadas, ni de lo que se le presupone sería capaz.
    Pizzolatto "pedirá perdón" con un curioso cameo en la propia serie y se excusará en entrevistas diciendo que no era importante el resultado, si la pelota entraba o no, sino la jugada, la dialéctica de personajes, el paladeo de ambientes, las sensaciones que han sobrecogido al espectador. Sin embargo, la tangana está liada. Pues además de esto, el nuevo Dios en la Tierra, se ha ido al túnel de vestuarios dejando atrás demasiados fuera de juego, en forma de subtramas solo intuidas y detalles que luego se desdibujan y caen en un olvido que no es tal en esta época de tuiteros amantes de la tarjeta roja.
    Si me tengo que mojar, diré que mi condición de gaditano y, por ello, heroico devoto de Mágico González, me acostumbró a gozar de los pequeños milagros cuando se presentan, únicos, consustancialmente, efímeros y pocas veces, incluso, perfectos. Y mitigar la frustración de lo que pudo haber sido y no fue, tirando de imaginar que la próxima será, que Maradona sí que marcará un perfecto gol del siglo y que yo estaré ahí para verlo.
    By Harry Callahan
    10 min
  • "HER": Esa amante inoportuna que se llama soledad
    CRÍTICA DE LA PELÍCULA CON EXTRAS
    En un episodio de “The Big Bang Theory”, la genial serie que todavía no me explico cómo pudo crear Chuck Lorre, el personaje de Rash se enamoraba de Siri, la popular aplicación parlante de Iphone… En “Her”, el que podría ser una especie de sosías bigotudo y trascendental de Leonard Hofstadter, otro de los protagonistas de ese mismo show, hace lo propio de un sistema operativo con la voz de Scarlett Johansson. A quién no le ocurriría lo mismo…
    Pero la virtud de “Her” no está en la idea, ni en la propuesta de flechazos tan sui géneris e “inmorales” como los que el cine ya ha mostrado antes, desde “Tamaño natural” de Berlanga, a “Lars y una chica de verdad”, de Gillespie. Su gran baza, empero, está en que es extraordinariamente fácil empatizar con sus protagonistas y con el universo tecnificado que nos propone. Un entorno de sentimientos cada vez más solitarios y fingidos.
    Y es que la película del autor de “Donde viven los monstruos”, no es ciencia ficción, sino ciencia realidad. Porque el mundo Applelizado en el que sitúa la acción está a tan solo un par de OS de hoy. Y en él, no obstante, nos siguen ocurriendo las mismas cosas que hace siglos. Nos desenamoramos o enamoramos, al ritmo que crecemos en sentidos divergentes o en sincronía con aquellos con quienes elegimos compartir lo que somos. Y sobre todo, y antes que cualquier otra cosa, huimos de esa amante inoportuna que se llama soledad, como diría el maestro Sabina.
    Por eso, no tengo reparos en darle el oscar a mejor guión original a ese siempre estimulante bicho raro que es Spike Jonze. Bueno, quizás sí que tenga un pero. Me niego a reconocer como futurible que nuestros hijos tengan el gusto de crear un sistema operativo con la voz de la Johansson, y sin embargo luzcan pantalones sobaqueros a lo Julian Muñoz.
    By Harry Callahan
    7 min
  • "CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO": Un barquito de cáscara de nuez
    CRÍTICA **SIN SPOILERS** DE LA PELÍCULA
    "CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO": Un barquito de cáscara de nuez
    No sé qué demonios hace un tipo de casi ochenta años, en medio del Océano Índico, solo, montado en su barco. Y no es que quiera recortar cruelmente las ansias aventureras de los que, pese al calendario, dicen (eufemísticamente) sentirse aún jóvenes de espíritu. Pero molaría que me contarán algo de ese desconocido, sin incluso nombre, que protagoniza la última realización, pelín pretenciosa, seamos claros, del amigo J.C. Chandor, ya sabéis, el de la, esa sí, estupenda “Margin Call”.
    Y no por nada, sino porque así diferenciaríamos lo que es cine del DVD de un cursillo acelerado de supervivencia náutica. O de un reality de cómo ser marino y no morir en el intento. Porque la cinta es eso y nada más que eso. Sin aditamentos, background dramático o una antes y un después. Únicamente, la accidentada peripecia vital de un abuelete en alta mar con un barco cojonudo, eso sí, dotado de todos los cachivaches y adminículos necesarios para sobrevivir a todo cuanto te puede ocurrir allí donde ya no haces pies.
    Tampoco sé qué demonios se le ha perdido a Robert Redford en este filme. Que se niegue a envejecer haciéndose cirugías estéticas que, como dice mi amiga Mary Carmen Rodriguez, le hacen parecerse a Chelo García Cortés, es una cosa. Y otra, muy diferente, es que tengamos que sufrir en cada plano viendo cómo se arrastra por la pantalla, intentando afrontar, con más patetismo que gloria, el formidable reto físico que plantea la película. No sé qué oscar le pretendíamos dar a este pobre hombre, cuya única interpretación consiste en disimular el impulso que ha debido sufrir, a cada momento, de echar el higadillo por la boca.
    Eso sí, el filme sirve para que a los que decían que el guión de “Gravity” era demasiado elemental, se les meta en la mollera que, en el fondo, el papá y el nene Cuarón se lo curraron más de lo aparente al contar una odisea de supervivencia que tiene mucho (y nada) que ver con ésta, aparte de la obvia diferencia de transcurrir, una a muchas millas de la costa, y la otra a muchas más del suelo.
    by Harry Callahan
    NOTA: 5/10
    ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST CON EXTRAS : https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/LQYTDcriticatodoestaperdido.mp3
    TÍTULO ORIGINAL: All is Lost
    TRAILER: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-200956/trailer-19534506/
    WEB OFICIAL: http://www.cuandotodoestaperdido.es/
    DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt2017038/
    5 min
  • "LA GRAN ESTAFA AMERICANA": Un trilero llamado David O Russell
    CRÍTICA "SIN SPOILERS" de la película
    Mi amigo Marty me dijo, cuando regresó del futuro, que allí, la Lawrence se había tenido que alquilar un trastero en un polígono, para almacenar los oscars que ya no le cabían en su mansión. No me extrañó porque, hasta en cintas tan denostables como ésta, rompe la pana, robando plano en sus apariciones a los incautos que se atreven a compartirle escena.
    Y es que una de las escasas razones para echarle el ojo al último fiasco del sobrevalorado David O. Russell, es dejarse ganar por el talento polifacético de la prota de "Los Juegos del Hambre”. Eso y aprovechar su carnestolendo vestuario en la peli para contarle satiricón esos lunares que desaparecen en los carteles y portadas de las revistas, pero que, por fortuna, la impúdica gran pantalla no esconde.
    Bueno confieso también que Louise C.K. está enorme, aunque por otras razones, claro. Sus “tet a tet” con Bradley Cooper son tan inenarrables como esa recurrente fábula inconclusa sobre la pesca en hielo. Todo lo demás, desquicia.
    Cooper, ya que estamos, es una versión 2.0 de su rol en “El lado bueno de las cosas”. La ambición pelirroja, Amy Adams, apela a registros de una gravedad y trascendencia que la cinta jamás demanda. Y ese descarte de casting de imitadores de Pacino que es Christian Bale, se revuelca en el ridículo con la misma exquisitez con la que su personaje se atusa el pelo a lo Anasagasti al comienzo del filme.
    Ha tenido usted mala suerte, Mr. O. Russell, al querer hacer un Scorsese el año en que el maestro de Queens está dando clases de en qué consiste hacer cine con su lobo de Wall Street. Una de estafas, también, por cierto, pero mucho más genuina y gozable que la suya, con la que además tiene usted la desfachatez de aspirar a equipararse a paradigmas del género como “El golpe”, con la que ya ha empatado en nominaciones. Ojo al dato que diría Garcia. En Hollywoodland se deben haber vuelto locos. Eso, o sus años de pupilaje con los Weinstein le han hecho coger el tranquillo a dejar cabezas de caballo ensangrentadas en cama ajenas.
    Y es que es inexplicable el éxito, entre comillas, de un filme con tan acusados problemas en el tono, puesta en escena, vestuario, dirección artística, peluquería… (por Dios, el tupé a lo eurovisivo Chiquilicuatre del cachas Renner, flagrante error de casting, por otro lado). Está claro que se lo han pasado teta rodando esta más que película, pachanga entre amigos. Pero todo es tan bufo, tan histriónico que se ve la trampa y el cartón, arrasando la minimísima credibilidad que debe conservar el conjunto para que el espectador entre y se mantenga enganchado a la historia que se trata de contar.
    Vamos que ni los ya clásicos (y mareantes) movimientos de cámara de este pretencioso y fallido realizador, me llegan a idiotizar lo suficiente para no tener claro que si su filme acaba ganado el oscar a mejor película, será un premio de esos de los que nadie en la Academia se sentirá orgulloso, pasados los años y puestas las cosas en su debido lugar y perspectiva.
    Por cierto, y por no concluir tan serios... Que mi amigo Marty también me contó que, en el futuro, ni Bond, ni leches. En lo sucesivo, el “Live and Let Die” de McCartney traerá al imaginario del cinéfilo a la Jenny, más desperate housewife que nunca, dándole un repaso al mobiliario casero con frescura de limón. Quien fuera su Mr. Proper…
    8 min
  • "EL LOBO DE WALL STREET" (2013): Drogas, sexo y ... pasta!
    “El lobo de Wall Street” es una película machista, misógina y larga, muy larga, en la que, pese a sus tres horas, no se explica bien en que consistieron las estafas que perpetró su protagonista. Como tampoco presta demasiada atención a cómo la Justicia le echa el guante. Está llena de excesos, de dislates y de glorificación de los mismos. Es hasta inmoral, dicen algunos. Pero, amigos míos, pese a todo, es una auténtica gozada.
    La clave, el tipo que la dirige. Un setentón que filma con el nervio de un niñato que sabe de cine lo que nadie conseguiría aprender en varias vidas. Martín Scorsese, un autor con todas las letras que exprime hasta la última gota los recursos que el lenguaje fílmico le brinda, para parir espectáculos como esta hagiografía descarada de un jodido pecador. Un putero, avaricioso, egoísta, drogadicto y delincuente que encarna en sí la quinta esencia de virtudes del capitalismo más depredador.
    No es un secreto la fascinación que siente el realizador de Queens por los fuera de la Ley. Los que hacen lo que les da la gana, da igual a costa de qué o de quién. Los que desprecian las reglas. Los que se mofan de ellas. Al malote de Marty le encanta contar su auge y caída. De hecho, este filme no es más que una relectura de “Uno de los nuestros”, con gángsters, eso sí, de cuello blanco. El personaje de Di Caprio es una especia de sosias del que encarnase Ray Liotta. Sus trayectorias y desenlaces van paralelos, aunque sus universos son diferentes.
    Y sí, hay algo de moraleja. Soltada con muy mala baba y amargura. El epílogo de la cinta es buen ejemplo. Pero se me antoja una imposición para que no te pongan la cara colorada. Pues con lo que se lo ha pasado pipa el realizador de “Casino” es contando el lado más pecaminoso y tentador del sueño americano: el salvaje, el orgiástico, el que no tiene límites, el que hace salivar incluso al más virtuoso, ese que apela a las más bajas pasiones humanas.
    Y es que, en realidad, “El lobo de Wall Street” por mucha metalectura trascendental que se quiera hacer, por mucha disección sociológica y retrato histórico que se le quiera atribuir, por muy cojonudamente dirigida, interpretada y filmada que esté, no es más que un muy disfrutable desparrame, el velado capricho de alguien a quien nunca llamarían para rodar una de juergas, colegas y despelotes, pero que en el fondo, muy en el fondo, se moría de ganas por hacer.
    6 min
  • "LA VIDA SECRETA DE WALTER MITTY (2013)": La nueva Forrest Gump...
    CRÍTICA **SIN SPOILERS** de la película de Ben Stiller
    Ben Stiller me gana cuando se le ocurren pelis tan vitriólicas como “Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!” o “Zoolander”, en las que desaparrama toda su vis cómica cultivada con mordacidad inclemente en el mítico Saturday Night Live.
    Le soporto lo justito, cuando va de tontolaba judío, acomplejado, buenista, gafe, cachondeable, un personaje en el que viene repitiéndose como el ajo desde que los Farrelli le descubrieron al mundo, con “Algo pasa con Mary” (Los Farrelli, recordáis, aquellos del caca, culo, pedo, pis que tanto hicieron por la comedia moderna americana…)
    Regreso, que me disperso, como siempre… Finalmente, no le trago cuando juega a eso que tanto obsesiona a los encasillados, cambiar de registro. Esto ocurre con “La vida secreta de Walter Mitty”, una versión pretenciosa made in Hollywood de un libro de autoayuda a lo Paulo Coelho.
    Y si insufrible es el pseudogurú brasileiro, más aún lo es esta reinterpretación de sus postulados, corregidos y “mejorados”, que se resumen en que o te conviertes en un tío guay por huevos, o ya te pueden ir dando dos duros. Puro American Way of Life…
    No obstante, toda esta filosofía de revista de sala de espera de dentista me resbala notoriamente. Cada cual, puede contar en su peli lo que quiera, si lo cree. Hasta ahí podríamos llegar. Otra cosa es que, me la vendan como muchas cosas que no es, entre ellas, la nueva “Forrest Gump”. Y por ahí sí que no paso, amigo mío.
    A quién se le ocurriese la comparativa, unas preguntitas: ¿Este más carapalo que nunca Ben Stiller en que se parece a Tom Hanks, actoralmente, digo? Sus personajes, aparte de salir puntualmente corriendo en sendos instantes de ambas cintas, ¿en que más se asimilan? ¿Es Kristen Wiig la nueva Robin Wright y yo no me he enterado? ¿Shirley MacLaine o Sean Penn están tan fantásticos como Sally Field o Gary Sinise? ¿El score de Theodore Shapiro es siquiera mencionable en el mismo párrafo en el que me refiera, tras hacer varias genuflexiones, al clasicazo de Alan Silvestri? ¿La incrustación de textos a lo Isabel Coixet es comparable a la audacia y la revolución visual que obró en su día Zemeckis? Y lo más importante, este anuncio de Visit Islandia ¿es capaz de tocarte el corazón con una milésima parte de la emotividad con la que lo hacía la que guionizara impecablemente Eric Roth?
    Cuando me pongo criticón me canso mucho, por eso no voy a perder más el tiempo rebatiendo otras comparaciones con cintas con las que Stiller aspira a ser referenciado: “El Rey Pescador”, “La vida de Pi”, “El Show de Truman”… ¡¡¡¡“Que bello es vivir”!!!! Lo siento pero me da la risa tonta. Chica es la desvergüenza y la presuntuosidad de este ¿remake? que, afortunadamente, nada tiene que ver con el original que deliciosamente interpretase Danny Kaye.
    By Harry Callahan
    NOTA: 4/10
    ESCUCHA ESTA CRÍTICA EN PODCAST: https://dl.dropboxusercontent.com/u/224337446/criticaLaVidaScretaDeWalterMitty.mp3
    TÍTULO ORIGINAL: "The Secret Life of Walter Mitty"
    TRAILER: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-206710/trailer-19535168/
    WEB OFICIAL: http://www.lavidasecretadewaltermitty.es/
    DATOS ADICIONALES: http://www.imdb.com/title/tt0359950/
    SOBRE LA MÚSICA DEL PODCAST: http://ccmixter.org/files/The3amAssociation/20008 http://www.jamendo.com/es/track/894992/tokyo-lights
    Publicado por Harry Callahan en 21:12 No hay comentarios:
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    Etiquetas: ADAPTACIÓN LITERARIA, AVENTURAS, COMEDIA DRAMÁTICA, COMEDIA ROMÁNTICA, CRÍTICA, familiar, FANTÁSTICO, PERIODISMO, REMAKE, VIAJES
    8 min

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