Mis queridos hermanos las heridas en ocasiones podemos esconderlas o calmarlas, pero sin duda hay un momento del día en el que todo queda en calma y aquellas dolencias en el alma empiezan a sangrar; la noche es aquel momento donde nos sentimos más vulnerables ya que no tenemos en que distraernos para ignorar aquellos dolores, pero hermanos, si recurrimos al Señor Jesús, quien sana cualquier herida, reestablece nuestra dignidad y enaltece nuestro valor como hijos de Dios, les aseguro las noches no volverán a ser las mismas.