¿Has sentido alguna vez que a tu cliente no le interesa lo que le cuentas? O peor aún, que a ti te parece fascinante y por alguna razón, él parece no comprender a qué viene tanta ilusión.
Es normal que acabemos por enamorarnos, literalmente, de nuestro servicio. E incluso que, como locos enamorados, no dejemos de hablar de él, de todo lo que tiene, de sus increíbles características y su infinidad de bondades.