El síndrome del impostor acecha en cada recodo del camino, en cada parada del maravilloso camino del emprendedor. Es como un pequeño diablillo que nos susurra al oído cosas tales como “no sabes lo suficiente”, “aquel sabe más que vos”, o “dedicate a otra cosa”. No le des bola, vos seguí pues todos sabemos algo y nadie sabe todo.