Hoy celebramos como Iglesia la fiesta de Curpus Christi (el cuerpo de Cristo). Y mientras en muchas parroquias lo vamos a venerar en su presencia eucarística haciendo una procesión, en la capillita de Juarez Celman, Cristo mismo, en el cuerpo sufriente de muchos hermanos, hace una pausa en su procesión de desalojo.
El día más frío del año, muy de madrugada, alguien tomó la decisión de pasar con una topadora e incendiar las casitas que habían logrado levantar. Entre esos muchos vecinos, también hay una gran cantidad de niños. E incluso ayer a la noche llevé de urgencia a una mujer embarazada de casi ocho meses que empezó a sentir contracciones. Finalmente los dolores eran fruto del frío y los nervios. Y cuando volvíamos, ya más tranquila, contaba que el día del desalojo se había ido de madrugada a control, y cuando volvió ya no la dejaron ingresar a rescatar sus cosas, dando por supuesto que si recién llegaba es porque no vivía ahí. Así es que perdió absolutamente todo, incluido el ajuar del bebé, y hasta las ecografías y todos los demás estudios.
No escribo esto para los responsables políticos (del lado que sea), ni judiciales. Ni para plantear las posibles soluciones que se podrían haber construido en estos años de conflicto, que honestamente no las conozco. Ni siquiera escribo para la intendenta de Juarez Celman, que amenazó a los curas que se atrevieran a abrir la capilla para hacer allí una "acampada", porque los iba a desalojar. La misma que los trató de mentirosos y poco cristianos en una reunion con gente del ministerio de desarrollo social, por sostener que las familias que habían quedado absolutamente a la intemperie, sin ningún lugar a dónde acudir, eran cerca de veinticinco y no dos como ella decía (de hecho, esas familias son las que están alojadas en la capilla).
No escribo para ellos, ni para nadie que no haya leido el Evangelio (y por eso mismo les suplico a todos ellos que se abstengan de comentarios). Hoy solo escribo para los criatianos. Y lo hago citando a un santo del siglo V, que nada tiene que ver con ningún conflicto político o social de los que puedan atravesar esta circunstancia.
«¿Quieres honrar el cuerpo del Salvador? Aquel que dijo: Este es mi cuerpo, es el mismo que dijo: Me habéis visto hambriento y me disteis de comer. Lo que no habéis hecho por los más humildes, es a mí a quien habéis rechazado. Honra, pues, a Cristo, compartiendo tus bienes con los pobres.» El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos. ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre?” “¿Quieres honrar el cuerpo de Cristo? No permitas que Él esté desnudo y no lo honres sólo en la Iglesia con telas de seda, para después tolerar, fuera de aquí, que ese mismo cuerpo muera de frío y de desnudez”.
Y el sustrato bíblico de este comentario de Crisóstomo está tomado del capítulo 25 del Evangelio de San Mateo, que culmina diciendo a quienes hayan sido incapaces de compadecerse del dolor de los hermanos: "Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; fui forastero, y no me alojaron; estuve desnudo, y no me cubrieron; enfermo, y en la cárcel, y no me visitaron.
Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?
Entonces les responderá diciendo: en verdad les digo que en cuanto no lo hicieron a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicieron."
Sé que yo voy a tener que rendir cuenta por muchas cosas en aquel momento, pero también alguien tendrá que rendir cuenta por esto que está pasando.