Las voces de los vecinos afectados: entre la solidaridad y la desesperación
05/03/2014// Recorrimos los barrios de Jesús María y Colonia Caroya para repasar los lugares críticos. Ayuda mutua y compromiso, los olvidos del Estado y todo el trabajo que resta por hacer.
Hay familias cuyas historias cambiaron para siempre desde este febrero lluvioso. Entre el abandono y la desesperación por haberlo perdido todo, nos contaron cómo fue que el río se convirtió de un día para otro en sinónimo de peligro.
Roxana se mudó a una casita a 80 metros del río, en Agua Mansa, cerca de diciembre. El 15 de febrero tenía el río sobre su patio, a 30 metros. Hoy el caudal está sobre su puerta.
“Nos dijeron que están trabajando las márgenes de rio, pero yo no las he visto”, afirma preocupada. “No dormimos en toda la noche”.
Buenos vecinos
“Estamos todos conmocionados en el barrio”, nos cuenta Lucas, de Agua Mansa. En los peores momentos, sin embargo, aparecen las manos amigas: “Los vecinos estamos todos unidos”, comenta. “Vinimos a poner toda la predisposición nuestra de colaborar con la municipalidad, para aprovechar el clima”.
Siempre esperando
En otras zonas de la ciudad, el agua llega, desde siempre, primero y puntual. Los vecinos de Bº Los álamos, en Colonia Caroya, dicen que su historia pasa por la eterna espera de una respuesta de parte del Estado municipal.
“Vivimos en una represa hace más de seis meses, estamos hartos”, resume Elías. “El foco infeccioso que puede haber entre el barrio, no nos soluciona nadie”, apunta, sobre los pozos negros destapados y el agua acumulada. “Hace mucho tiempo que nos prometen”, afirma. Y cierra contundente: “somos tierra de nadie”.
“¿Por qué tenemos que abandonar lo poco que tenemos? Si nos tienen que mover, que nos muevan a un lugar digno”, la pregunta y la respuesta incluida, de la boca de Nancy, que vive en Bº La Costanera, en Jesús María. “El señor Frizza no nos da respuesta de nada”, agrega. Y una frase que se repite en todos lados: “Anoche no dormimos por el miedo al agua”.
El río y el miedo
Cloacas, un olor a gas incesante que sale de las aguas turbias y el miedo a los desmoronamientos, el resumen que nos brinda una vecina de Bº Las Vertientes. “En el puente (Arturo) Maturano cada vez es peor, ahí también hay otra boca de cloaca. Es impresionante el olor a gas”.
“Sabemos que está saturada la intendencia, pero son las 12 del mediodía y no veo a nadie, ni un inspector”, apunta. “Siento en este momento que este barrio es tierra de nadie”.