La imposición de manos ha sido, durante mucho tiempo, una práctica rodeada de ideas equivocadas. Algunos la consideran un acto extraordinario o una forma de transmitir poder espiritual, pero la Biblia presenta un panorama muy distinto. En este mensaje, basado en Hebreos 6:1–2, descubrimos que la imposición de manos es un símbolo que apunta a la obra de Dios y no al poder del ser humano.
A lo largo de las Escrituras, este gesto fue utilizado para expresar bendición, identificación, oración y comisionamiento. Desde el Antiguo Testamento hasta la iglesia del Nuevo Testamento, las manos nunca fueron la fuente del poder; siempre señalaron al Dios que llama, capacita y sostiene a Su pueblo.
Una invitación a regresar al significado bíblico de esta práctica, dejar de lado conceptos erróneos y reconocer que toda bendición, todo llamado y toda obra espiritual provienen únicamente de Cristo.