Un sacerdote mayor
¿Alguna vez has sentido que necesitas hacer más para poder acercarte a Dios? Orar más, leer más la Biblia, servir más, portarte mejor… Como si nuestra relación con Él dependiera de qué tan bien estamos haciendo las cosas.
Hebreos 7:11-19 nos muestra que ese nunca fue el camino. La Ley era buena y cumplía perfectamente su propósito: revelar el pecado y mostrarnos nuestra necesidad. Pero no podía hacer perfecto al pecador ni llevarlo definitivamente a la presencia de Dios. Necesitábamos algo más. Necesitábamos un Sacerdote mayor.
En este episodio de másCristo, descubrimos por qué Jesús es ese Sacerdote. Su sacerdocio no depende de una genealogía humana, sino del poder de una vida indestructible. Él murió, resucitó y permanece para siempre. Por eso nuestra esperanza no descansa en la fuerza de nuestra vida espiritual, sino en la vida indestructible de Cristo.
Y aquí encontramos una de las grandes promesas del evangelio: por medio de Cristo podemos acercarnos a Dios. No porque hayamos logrado ser suficientemente buenos, sino porque nuestro Sacerdote sí es perfecto.
La Ley podía mostrarnos cuánto necesitábamos a Dios, pero no podía llevarnos hasta Él. Jesús hizo lo que nosotros jamás podríamos hacer: abrió el camino para que pecadores puedan acercarse al Dios santo.
“Pues la ley nada hizo perfecto, y se introduce una mejor esperanza, mediante la cual nos acercamos a Dios.”
— Hebreos 7:19, NBLA