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Hay momentos en los que pensamos que por el silencio o no respuesta de parte de Dios a nuestras oraciones, el ya nos ha abandonado o dejado, y dejamos que el temor llegue a nuestro corazón al igual que David.
Dios nos protege aunque a veces no es como nosotros pensamos, o como esperamos, igual el lo sabe todo y conoce la mejor forma y estrategia para protegernos aún de cosas que no tenemos idea ni conocimiento.
Dejar el control a Dios significa estar dispuestos a obedecer y hacer lo que el nos pide, a obedecer e ir a donde el nos envía, o a obedecer y dejar algo que el no quiero para nosotros.
La fe es más que una creencia intelectual; es una confianza activa en Jesús. Es abrir los ojos del corazón para ver quién es Él realmente y dejar que esa verdad transforme nuestra vida.
Su creación nos habla de su poder y su soberanía, de su amor, de lo increíble que es el. Y nos recuerda que el es un Dios justo y que cumple su palabra.
Él no quiso que camináramos solos en un mundo roto y oscuro. Sino que quiso revelarse a nosotros, no como un Dios distante, sino como un Salvador cercano, lleno de gracia y verdad.
Aunque a nosotros como humanos no nos gusta oír la palabra “no” o “no puedes”, vemos la importancia de poder decirnos a nosotros mismos “no” en ciertos aspectos de nuestra vida para poder vivir esa vida hermosa y bendecida que Dios desea darnos.
Dios nos recuerda que todo lo que él crea, incluida tu vida, es bueno y tiene un propósito. Dios te creo con propósito y eso también incluye tus dones, tu personalidad y tu capacidad para reflejar Su amor.
Cuando obedeces a Dios, siempre obtendrás lo mejor de Él. Puede que lleve tiempo, pero verás Su provisión. Sin embargo, cuando no obedeces al Señor, la vida puede parecer más fácil temporalmente, pero eventualmente resultará mucho más difícil.
Regocíjense plenamente, sabiendo que es un anticipo del triunfo venidero. Abracen, pues, la bondad del Señor.
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