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Aunque para un cristiano es una necesidad en su vida, el Apóstol Pablo constantemente nos esta recordando que nunca debemos de cortar la comunicación o dejar de hablar con Dios.
Debemos vestirnos con el amor de Dios. Y la humildad nos recuerda que nuestra fuerza viene de Dios, la gentileza nos ayuda a tratar a otros con cuidado, y la paciencia nos permite soportar con gracia los desafíos y diferencias.
Solo un amor inagotable, puro, incondicional y verdadero puede hacer que alguien este dispuesto a hacer la mayor demostración de ese amor dando su vida por otros.
Cuando amamos a Dios por sobre todas las cosas, entonces no nos aferraríamos a las cosas materiales sino que daríamos de nuestro tiempo y recursos, nuestra vida para agradar y obedecer a Dios en todo.
La llegada de Jesús nos asegura que no estamos solos en nuestras pruebas ni en nuestros momentos de gozo. Esta Navidad, recordemos que la encarnación de Jesús no solo cumplió una profecía, sino que también estableció una relación viva y permanente con Dios.
Dios pelea las batallas por nosotros y por lo mismo la victoria es segura, Dios ya ah vencido sobre el diablo y podemos tener la seguridad que hemos obtenido la victoria en nuestra vida a través de Cristo Jesus en la cruz.
Pablo nos dice: "Doy todo lo que tengo. Por nada me descuido, me mantengo alerta y en condición optima. Pues mi objetivo y ambición en la vida es alabar y servir a Dios.
Jesús nos anima a orar diciendo “Danos hoy nuestro pan de cada día”. Vemos que no nos dice que pidamos o nos preocupemos en el pan para la próxima semana. Ni para el próximo mes. Ni tampoco para el próximo año. Sólo nos dice un día a la vez.
Dios nos dice claramente: “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo.” La clave para no preocuparnos cuando llegan las pruebas y las incertidumbres es la oración y un corazón agradecido.
El pecado ya no te posee; su deuda ha sido pagada; y ya no tendrás mas vergüenza, porque se te ha dado una nueva identidad como hijo o hija del Altísimo. Nuestro Padre quiere que abraces la libertad y el gozo adquiridos por la sangre de Jesús.
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