En los cuarenta días del desierto, superada toda tentación de Satanás, Jesús disfruta la compañía de los animales del campo, según el presentimiento del profeta Isaías: “Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías; el león, como los bueyes, comerá paja” (Is 11, 6-7).
El tiempo del Mesías fue anunciado como una etapa idílica entre los hombres, la naturaleza y las fieras.
Armonía maravillosa en el silencio y la soledad del desierto, donde existe la oportunidad de encontrarme conmigo mismo en la intimidad del corazón, donde descubro la estatura perfecta de cada cosa.
Lo que Francisco de Asís vivió maravillosamente, puro derroche de ternura y simpatía. “Hermano sol, hermana luna, hermano fuego, hermano lobo”. Todos, hijos del mismo Padre. La fraternidad universal.
Autor: Padre Hernando Uribe Carvajal