Si partimos de aceptar a las personas
tal y como son reales y concretas
y no las que quisiéramos o soñamos que fueran,
si nos atrevemos a darles nuestro SÍ,
a decirles que, aún no siendo el alumno
que pensábamos encontrar en el aula, le aceptamos tal y como es; si nos atrevemos a decirles que, aún no siendo el trabajador que esperábamos y deseábamos, le aceptamos
y apreciamos sus cualidades;
si nos atrevemos a decir que aunque no tengamos el jefe
que esperábamos encontrar, pero que le aceptamos
sin la ingenuidad de que es el mejor de todos los posibles;
O si no tenemos el hijo que habíamos soñado, pero que le aceptamos; que no tenemos el padre/madre que hubiéramos deseado, pero que les aceptamos tal y como son...
Autor: Marta Burguet Arfelis