Cada una de mis decisiones introduce algo distinto,
nuevo, bueno o malo, justo o injusto, en este mundo
de contradicciones y de esperanzas.
Hay que reflexionar profundamente antes de tomar una decisión, de empezar un nuevo acto. Hay que pensar en serio
si quiero ser un pequeño artífice de bien o un simple estorbo. Hay que escuchar la voz humilde y sencilla de Dios que me repite, con un tono suave e íntimo, que hasta un vaso de agua dado a un niño no quedará sin recompensa. Porque ese gesto de cariño habrá introducido algo bueno, algo bello,
en el mundo de los corazones sedientos de amor sincero.
Autor: Desconocido