Mientras no aceptes verdaderamente tus límites,
no podrás construir nada sólido, pues te pasas el tiempo
deseando los instrumentos que están en manos de los demás,
sin darte cuenta que tú también posees otros, diferentes pero igualmente útiles.
No niegues tus límites, sería desastroso. Negarlos no los suprime.
Si existen, ignorarlos sería darles una fuerza misteriosa de destrucción contra tu vida.
Por el contrario, míralos de frente, sin exagerarlos, pero sin minimizarlos tampoco...
Autor: Michel Quoist