Han pasado las fiestas navideñas donde, en principio,
todo es cordialidad, amabilidad y cortesía. Sin embargo,
hay no pocos casos en que el “espíritu de contradicción”,
de algunos, enturbia el ambiente familiar o de amistad.
Con demasiada frecuencia, la grosería, la falta de respeto
y la prepotencia verbal parece el hilo conductor de muchas
conversaciones, ello envenena el ambiente social y familiar.
A esto hay que añadir, la crispación que crea la actual
situación de crisis económica y moral que padecemos.
Por ello, al comenzar un nuevo año, no está mal que
hablemos de la virtud de la amabilidad o afabilidad como
algo esencial para una convivencia pacífica.
Autor: Juan del Río Martín