Nadie duda que para ser buenos padres se necesita
amor, paciencia, ecuanimidad, comprensión, disciplina…
Pero quizás lo que más necesitamos para formar hijos
dotados de virtudes y capacidades que les permita llegar lejos en la vida, es ser padres valerosos,
es decir tener la fortaleza necesaria para hacer
lo que más les conviene a los hijos, por duro que sea.
Por ejemplo, se necesita valor para no darles nada más
de lo que estrictamente se merecen
por mucho que rueguen que quieren más;
o para no permitirles participar en el paseo o en la rumba
que no tiene supervisión de adultos con autoridad.
Lo que necesitan los hijos no son padres complacientes,
que vivan dedicados a darles todo, sino padres valientes,
que hagan lo que sea preciso para formarlos
como personas correctas por difícil o dolorosa que pueda ser.
Autor: Ángela Marulanda “El Tiempo”.