Feliz, desafiante, lindo, dificultoso, emocionante… ¿Con qué palabras describirías el año que está acabándose? Tal vez ha sido un año que quisieras borrar de tu biografía y olvidar lo más pronto posible. Quizás lo consideras un año exitoso y beneficioso. Sea como sea, lo que sí es seguro es que el 2014 fue un año de Dios. Él ha permitido las cosas buenas y también las malas que nos han pasado. Él ha derramado su bendición sobre nosotros, muchas veces sin darnos cuenta. Ponte a reflexionar. ¿Quién te ha protegido en el peligro? ¿Dónde encontraste la paz en los momentos difíciles? El pan en la mesa, las enseñanzas edificantes, la oportunidad de empezar de nuevo después de la caída… ¡Todo es una muestra de la bondad de Dios! ¿Cuál es tu respuesta?
Que sea una palabra la que supere a todas las demás: ¡GRACIAS SEÑOR! Terminemos este año con un corazón agradecido, no solamente por los momentos agradables, sino también por las pruebas, porque sabemos que Dios usa todo para nuestro bien (Romanos 8:28). Eben-Ezer, hasta aquí nos ayudó el Señor (1 Samuel 7:12) – y de igual forma nos ayudará también en el año venidero.
“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2).