En Edén – antes del pecado – el reposo era la actitud más útil del hom-bre. De esa paz brotaban la comunión, la alegría e incluso el progreso.
Pero la caída en el pecado tergiversó todo y destruyó la comunión con Dios. En el lugar de alegría, hoy el hombre tiene insatisfacción; incluso el bendito progreso, hoy, se origina en la maldita ansiedad, y el nocivo derroche de tiempo ha robado el puesto al dichoso sosiego.
A pesar de todo, el hombre sigue soñando con el paraíso… Algo así recuerdo haber leído de León Tolstói (siglo XIX), y que él deducía que debido a tal nostalgia, muchos soldados sueñan con servir en una tropa de retén, para así, reposando, ser útiles para la seguridad de un pueblo. – Sin embargo, yo pienso que aquellos soldados sólo soñaban con una vida perezosa.
De todos modos, el primer paraíso desapareció por el pecado. Pero Dios no ha sido perezoso, sino abrió con duros méritos de su hijo Jesucristo las puertas al futuro paraíso. Allí no se entrará ni por méritos propios, ni por pereza.
Este programa de Mensaje de Paz reflexiona con sus oyentes sobre las condiciones de entrada al paraíso. También razona con las personas mayores, si tal prospectiva es capaz de reflejar su luz ahora en el comportamiento y en el carácter del creyente maduro.
Y, ¿cuáles son sus perspectivas eternas, estimado lector?