El evangelista de la India Sundar Singh dijo en una oportunidad: “Cristo es el número uno. Si colocamos el uno al inicio y añadimos a la derecha cierta cantidad de ceros, la suma aumenta, porque el uno está al principio. Sin embargo, si situamos los ceros hacia la izquierda, de modo que el uno queda al final, todos estos ceros quedan sin significado. Cristo es el Uno. El que le coloca al final de su vida y de sus prioridades, continúa siendo un cero sin valor ni esperanza. Pero el que lo coloca en el primer lugar, será revalorizado e importante”. ¿Qué o quién es el número uno de tu vida? ¿Y qué es lo primero en este nuevo año? ¿Es la tristeza sobre el pasado o el miedo del porvenir tu primera prioridad? ¿Te dominan las preocupaciones inquietantes por alcanzar la felicidad en tu vida? ¿O para ti el número uno es aquel que es Señor de los tiempos, gobernador del universo, Rey de reyes, el primero que venció la muerte? Si Jesucristo es lo principal de tu vida –y también tu prioridad en este nuevo año– entonces, por muy pequeño, frágil e insignificante que te sientas, tu vida será valiosa, plena y satisfactoria. Sin embargo, si Cristo y su inmenso amor se encuentran al final de tus pensamientos y planes, entonces, por muy rico, exitoso, capaz y dinámico que seas, tu vida no conducirá a nada. Será nula e insignificante.
Según Dios, Jesucristo es el Señor sobre la historia, sobre el cosmos, sobre la muerte y la vida. ¿También lo es sobre ti y sobre este nuevo año, en todo tu querer y hacer, en tus pensamientos y emociones, en tu amor y esperanza, en tus logros y sufrimientos?