Seamos claros, tu problema no es el tiempo, no es la suerte y tampoco son las oportunidades, tu problema es que no controlas tu mente. Sabes lo que tienes que hacer, sabes qué decisiones te convienen, sabes qué hábitos te están destruyendo… y aun así no cambias, ¿por qué? Porque tu fuerza de voluntad es débil, y mientras no la desarrolles, vas a seguir siendo esclavo de tus impulsos, de la comodidad y de las excusas.