Hay momentos en los que la vida cambia sin avisar, y no solo para quien recibe un diagnóstico. Cuando el cáncer entra en una familia, lo hace también en las rutinas, en los silencios, en la forma de mirarse. Cuando llega un diagnóstico así, además del miedo, del tratamiento y de la incertidumbre, aparece una pregunta que pesa mucho: "¿Se lo digo a mis hijos? ¿Cómo se lo explico? ¿Qué palabras uso? ¿Les estoy protegiendo si no se lo cuento o les estoy dejando solos con algo que ya sienten?".
Para hablar de cómo se afronta esta situación, este nuevo capítulo de Mentes Abiertas está protagonizado por María Iglesias, psicóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer, que trabaja acompañando a familias en este proceso tan complejo y Sara García, una madre que está viviendo el cáncer en primera persona y que ha tenido que enfrentarse a esa conversación con sus hijos.
Cuando se da esta situación, el impulso de muchos adultos es proteger, evitar el dolor, aplazar la conversación. Sin embargo, quienes trabajan acompañando a familias en este proceso insisten en una idea clave: los niños perciben mucho más de lo que parece. Notan los cambios, las ausencias, las emociones contenidas. Y cuando no hay palabras, rellenan los vacíos con su imaginación.