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Una de las cosas que deberías hacer si quieres ser realmente coherente y no andar dando bandazos de un lado para otro en la vida es reconocer tus prioridades. Y no hablo de tener una leve sensación de cuáles son tus prioridades en la vida, sino de tener una lista clara y ordenada de ellas. Eso te ayuda a no caer en conductas incongruentes y a tomar mejores decisiones.
El trabajo de reconocer las prioridades junto con el de las creencias es de las cosas esenciales en las que trabajo con mis clientes. Necesito saber qué piensa la persona del mundo (creencias) y a qué le da valor (prioridades). Utilizo diferentes herramientas de la psicología y el cocching para hacer ese trabajo. Y luego la prueba del nueve, el test definitivo: qué es lo que está haciendo la persona a día de hoy y qué ha hecho en los últimos cinco años. La realidad es muchas veces incuestionable. Porque es bastante habitual que te creas que tus prioridades son unas determinadas ya que es lo que tu yo ideal desearía hacer. Pero es posible que lo que realmente estés haciendo sea otra cosa y no puedas verlo. Y no acabes de ser consciente de ello y sigas insistiendo en que tú verdadera prioridad es otra.
Uno de los objetivos que tienen mis sesiones de terapia y coaching es ayudar a los clientes a pensar fuera del mapa mental, fuera de la caja, a salirse de sus patrones habituales de pensamiento y a desafiar sus creencias limitadoras. Si se consigue eso, una parte del trabajo está hecho ya que hemos conseguido poner conciencia en la situación. Luego quedará obviamente la fase de ponerlo en acción y también la de trabajar con las partes internas en que aún existan resistencias.
Uno de los problemas que me suelo encontrar en ese trabajo del mapa mental, con algunos clientes más levemente y con otros de un modo muy acusado, es la creencia de que pensar fuera del marco te obliga a actuar del nuevo modo que has pensado. Y aunque en cierta manera es así, no supone una obligación ni mucho menos algo que haya que hacerse de inmediato.
Una de las cosas que debes hacer si quieres ser un poco más feliz es superar tus creencias limitantes. Tus creencias limitantes te anclan en el pasado, en aquello que sucedió antaño o en lo que ni llegó a a suceder porque no te atreviste a dar el paso. Nacen, como ya dije en este post, de tu guión de vida, de todo aquello que se te grabó a fuego en el cerebro durante tu infancia y adolescencia.
El primer paso que has de dar para empezar este proceso de cambio es ser consciente de dos cosas: de que tienes creencias limitantes y de que la mayoría de ellas no se corresponden con la realidad, sólo están en tu cabeza. Las creencias son significados, interpretaciones, definiciones, etiquetas que ponemos a la realidad. Son interpretaciones de la realidad, no hechos verificables. Son hipótesis que tenemos sobre algo que no se pueden demostrar (si se pudieran demostrar, estaríamos hablando de ciencia o de hechos objetivos, no de creencias). Lo malo es que en muchas ocasiones no eres capaz de hacer esa distinción tan fácilmente. Estás convencido de que aquello que te dijeron tus padres sobre ti (eres vago, eres torpe, siempre te equivocas, no serás nada en la vida) y te repitieron cientos de veces, es una realidad. He puesto aquí ejemplos de creencias limitantes , pues aunque también existen las creencias potenciadoras esas que te animan a superarte y a creer en ti mismo (tú vales, eres muy listo, caes bien a la gente, etc) esas no te impiden superarte.
En los últimos años ha habido una mala interpretación por parte algunos autores de psicología de autoayuda sobre el tema emocional. Eso ha llevado a pensar que las emociones son algo que debe ser controlado. Proliferan libros y cursos sobre como gestionar tus emociones o incluso controlar tus emociones. Y las emociones no son algo a "controlar". Los seres humanos tenemos necesidad de expresar las emociones. Otra cosa es cómo y cuándo hagamos eso.
En un reciente artículo publicado en la web de la Asociación española de psicología clínica se nos habla de este malentendido que se ha producido a raíz de las publicaciones realizadas por personas que no son en realidad expertas en el conocimiento de la mente. En ese tipo de publicaciones se enfatiza el hecho de expresar las emociones positivas, pero se anima a controlar la expresión de las negativas, incluso a no sentirlas y sustituirlas por su versión positiva. Se pretende por ejemplo, que si estás triste por algo, trates de pensar en algo positivo que te anime. O que si estás enfadado, te relajes e intentes hacer desaparecer tu enfado. En una sociedad en que se propugna el éxito y el control de la propia vida, dejarse llevar por una emoción "negativa" es visto como un signo de debilidad.
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