Martes 28/Marzo/2023
Devocional Mi tiempo con Dios
¿Qué significa ser pobres de espíritu?
Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Mateo 5:3
Si tuviéramos que reescribir las Bienaventuranzas para nuestro tiempo actual, probablemente se leerían así:
Bienaventurados los ricos, porque lo tendrán todo.
Bienaventurados los bellos, porque serán admirados.
Bienaventurados los populares, porque serán amados.
Bienaventurados los famosos, porque tendrán seguidores en las redes sociales.
Sin embargo, eso no es lo que dijo Jesús. Comenzó las bienaventuranzas con una bomba: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:3). O, dicho de otro modo, «Bienaventurados los pobres de espíritu».
Fíjate que Jesús no dijo: «Bienaventurados los pobres». Dijo: «Bienaventurados los pobres de espíritu». No hay bendición en ser rico o pobre. La Biblia no alaba la pobreza, ni condena la riqueza.
Pero la Biblia dice esto: «porque raíz de todos los males es el amor al dinero […]» (1 Timoteo 6:10). He conocido a gente rica que era feliz y a gente pobre que era infeliz. También he conocido a gente pobre que era feliz y a gente rica que era infeliz.
Así que no se trata de tu cuenta bancaria. Se trata de tu estado espiritual ante Dios. La palabra pobre en este verso viene de un verbo que significa «encogerse, agazaparse o anidar». Los mendigos solían hacer eso en la época de Jesús, permanecer agazapados, incorporándose en la petición de la limosna.
Si quieres ser feliz, si quieres recibir la bendición de Dios, debes ser pobre de espíritu. Eso significa reconocer tu pobreza espiritual separado de Dios. Significa reconocer el simple hecho de que, separado del Señor, estás perdido, desamparado y sin esperanza.
Si quieres ser feliz, admite tu verdadero estado espiritual. Bienaventurados los que se ven a sí mismos como realmente son, porque de ellos es el reino de los cielos.
Oración diaria: Señor, concédeme la honestidad espiritual para ver hacia dentro de mi como realmente soy, con mis defectos, y errores pero también con aquellos dones con los que me has bendecido para glorificarte, pues sé que mientras más realista y consciente sea de mi pobreza espiritual lejos de Ti, más cerca estaré de Tu gloriosa presencia y de Tu compañía y mucho más digno seré de Tu Reino.