El deseo forma parte de nuestras vidas. El deseo de la carne, a éste me refiero. Da igual que tengas veinte u ochentayseis años, el caso es que deseas, y has de vivir lo que te queda de vida deseando, probablemente. El deseo nos empuja, y a veces lo reprimimos. El deseo nos encandila, y a veces sucumbimos. Yo creo que está bien todo ello, porque aprenderemos, sea como sea... y todo gracias al deseo. Abrázalo, ámalo, entiéndelo, da igual la edad que tengas, sin que importen las circunstancias. Desea y punto, y a ver qué pasa.