Dos recuerdos favoritos de Víctor Trujillo: 1) en Rojo de John Logan, lúcida reflexión sobre la integridad artística y su relación con el capital en que su Mark Rothko –contradictorio, mercurial, entrañable– fungía como eje intelectual y emocional de una noche de teatro memorable; 2) en sus participaciones en Tercer Grado, donde, entre periodistas y opinadores profesionales, representaba a una capa de ciudadanos informados que no necesitan venir del cubículo o la redacción de noticias para hacer análisis político razonado y razonable.