¿Qué se puede hacer cuando nos encontramos perdidos, sin comunicación, en medio del frío, en el lago Ontario, el menor de los cinco Grandes Lagos de América del Norte, con una superficie de 19.477 km cuadrados? No hay forma de dirigir la embarcación pequeña, porque está a la deriva. Sobra decir que lo más seguro es la muerte. Sin embargo, en esta historia real, le mostraremos lo que ocurre cuando volvemos la mirada a Dios, con confianza.