Una de las inclinaciones comunes de toda persona, es a preocuparse. Es más, se enfocan en aquello que les inquieta, más que en Dios. Cuando lo permitimos, esas condiciones que salen al paso, algunas de las cuales no podemos controlar, nos roba la paz interior. Lo que le proponemos hoy es enfocarse en Dios, quien tiene poder para transformar las circunstancias, antes que en los problemas. Cuando lo hacemos, los resultados son sorprendentes. Un paso decisivo para experimentar transformación en nuestra vida, es rendir nuestras preocupaciones en manos de Dios. Él puede cambiar hoy mismo el curso de sus circunstancias.