Tierra adentro, dando la espalda a la muy vacacional Riviera Maya, dejando atrás la costa, las playas y las aguas verdes y azules del mar Caribe, no vamos a tardar mucho tiempo en encontrar la cara casi oculta de la península de Yucatán. En esas otras tierras que también contiene el Estado mejicano de Quintana Roo, existe un mundo rural que conserva y mantiene la antigua atmósfera de la civilización maya. Pueblos y poblados, paisajes y paisanos que guardan identidades y maneras de vivir de un pasado que aquí es presente.
Es el Méjico interior, el de la milpa repleta de agave,salpicada por los sombreros de paja de los campesinos, aunquetambién es el Méjico del humo de los hogares huertanos, mezclado con los bordados de los huipiles de las mujeres mayas.Si bien hasta este interior no llega la brisa de la costa caribeña, sí se siente el aroma reventón de los limoneros, si hasta aquí no viene el azul del mar, sí lo hace el rojo reventón de la toronja.